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viernes, 28 de febrero de 2014

Sordera

Están sordos mis oídos
mis labios
mis dedos
mis ojos
absolutamente todo posible lunar.



Soy una palabra, 
una cavidad fonética,
 indecible y por eso sólo irreconociblemente escribible.

Soy una palabra,
soy la materia de lo posible,
soy los dedos en un pasamanos infinito
montado sobre algún vacío mordedor.

Soy ese silencio desesperado en todo el cuerpo,
una palabra que se escribe como sordera.


Soy esa palabra que no escucho, también impronunciable. 



Pero vos sí.




Vos escuchame y decime. Decime muchas veces, de las maneras que quieras. 
Haceme de palabras.





lunes, 7 de octubre de 2013

Orgasmo del desencuentro.



Nos enredamos (indeciblemente) en la lengua perversa del misterio irrevocable del encuentro.
Por eso, encuentro. Porque hay algo que no se deja encontrar. Algo así como la ambigüedad del lenguaje es lo que nos mantiene vivos y enredados, sobrevivientes encontrados.
Eso que no se deja encontrar, que no sabemos que es pero que se inscribe como regla general de la nocturnidad misma de cualquier sujeto que esté sujeto a cualquier miedo peligroso que nos defina como seres vivos, éso se traduce en lo que el barbudo llama velos.
Desde el cabello hasta la boca estoy velada.
De a poco intentarás (absurda e inútilmente) arrancarme el velo que esta atado a mi lengua.
Dejaré que lo hagas desde el sometimiento más siniestro que apresa a cualquier sobreviviente cegado (porque tus velos seguirán allí, intactos, porque yo, porque Sofía o Martirio, mujeres amantes de la ilusión). Entonces el velo del lenguaje viajará por mi esófago, rozará la campanilla y se liberará después de un lastimoso tironeo con mis dientes. Casi como un vómito, me arrancarás de mí.

Me desnudarás hasta dejarme en ese sinsentido que es Sofia.
Y no podré decirte nada, no podré pedirte que te detengas, no podré rogarte que no me asesines de esa manera. Porque Martirio y yo sabemos que es hermoso desnudar a Sofía.


Es placenteramente inevitable
asesinarla de esa manera. 


 

domingo, 18 de agosto de 2013

Y que te quedes




como la garantía idealista 
(o la terrible certeza)
de la realidad
material
de eso que a veces llamamos
la excepción. 




viernes, 19 de julio de 2013

Si esa noche del veinte de julio





mientras corría por el callejón
borracha
llorando
herida
desprotegida de la mujer roja
es decir, del mundo entero
completamente humillada
desencantada 
enojada y mentida 
dolida
con todo eso que era la realidad
totalmente ajena a ella
con el sol pegando en la cara
completamente magullada porque esa era la verdad
ésa era la verdad
ésa era la verdad

entonces, si te hubieses cruzado en mi camino






querría que fueras vos quien te quedes conmigo
llorando
querría que fueras vos el que se quede en un cordón borracho conmigo


aunque hubieses actuado igual que él
y mentido igual que él




querría que fueras vos.


-Te creés todo lo que digo.-no es la primera vez que me dicen eso, lamentablemente.
-No me mientas porque soy una niña.
-Se les miente a los niños, todo el tiempo.
-Claro, entonces es por eso que somos esto.
-¿Qué cosa?
-Niños encerrados en cuerpos de grandes.
-Puede ser, niña, puede ser.




Yo dejaría a un costado
mi afán de mujer fuerte
te pediría un cigarrillo
y
Sí, definitivamente querría que fueras vos.






miércoles, 17 de julio de 2013

Cómo era




Cómo era eso que había estado pensando hasta recién.
Eh.
Tenía que ver con un cubo mágico y con el sacrificio, con la palabra sacrificio.
Y todo eso era y no era yo y eso era toda la cuestión, como la palabra vida, mi palabra vida.



Si volvemos a aquélla mancha del vestido, entonces el cubo mágico era Sofía y vos lo desarmaste. Lo transformaste en caos ilógico. Entonces después te fuiste y me dejaste con la palabra caos.

 Esa noche, ese ritual, ese sacrificio, esa niña, esa sangre.

Ahora hay que volver a armar el cubo, volver a transformarlo en ese cubo simétricamente seguro, sin dudas ni manchas raras.
Pero parece imposible.
Porque ya no es juego.
Entonces se hace más imposible.
Y tiene sentido que ese instinto infantil quiera volver a dominar y que a veces de hecho, domine. Es decir, Sofía.
Pero también está la certeza de que Sofía se ha transformado ineludiblemente, se gusta, habrá que escribirlo así, qué sé yo. O Martirio.
Y que esa transformación nos puede regresar alguna vez a ese cubo certero y simétrico pero necesaria e inconscientemente será ese el momento previo al nuevo y devastador desarme, porque de lo contrario




morimos, digamos.



Jude no te pienso ahora porque te sigo amando. Entrás en mis pensamiento como un cuadradito más del cuadrado, como algo que pasó y quizás

hasta es verdad y te odio un poco por eso.






No sé si era esto exactamente.
Es decir no, nunca es exactamente.
Las palabras son independientes,
seductoras,
poderosas,
hasta brujas
y se escriben como quieren.
Y me hacen dudar
si era esto
u otra
u otra cosa lo que pensaba,
me han confundido
y ahora olvidé eso que antes estaba tan claro.
Entonces es cierto,
las palabras también me hacen olvidar.


Malditas y amadas sean ellas,
éstas,
aquéllas
y sobre todo





las tuyas.


domingo, 14 de julio de 2013

Martirio bajo las uñas.

Ese arañazo tan Jude.


Y de pronto somos eso que tanto odiamos alguna vez.







No me mires así.


Así.




Aquí.



-Muchachita, cierra la boca.
Muchachita borracha.
Pequeña muchachita.
Deja que el sexo cante para nosotros.



domingo, 16 de junio de 2013

El Señor de las Escaleras se llama Otto

finalmente entiendo como funcionan las casualidades






en este momento me late fuerte el corazón, como ese amante que me dijo ese amanecer con precisión cuantos latidos cabían en un segundo mío
era buen amante porque era preciso
pero Sofía nunca se enamora de la precisión




no sé como se escriben las casualidades

pero es verdad que te pensé en una fantasía ridícula
y que después cerré la puerta
y te vi
actuando exactamente como en esa ridiculez

y ahora me tiembla el cuerpo como si hubiese sido real



a veces camino por las calles
absorta
y me reconozco en esa necesidad de casualidades
y entonces apareces
claro, nunca te permitirías fallar

pero no pasa nada
nada más que eso
y de ahí la ridiculez de la fantasía
maldita lógica que nos domina
(me gusta pensar que a vos más que a mí)
de vivir sabiendo que cuando el deseo finalmente llega a donde quiere llegar
entonces caduca
así que vos te limitás a respetar esta lógica
y por eso nada
mientras yo espero finalmente ese caos 
por eso no es casualidad
aunque me gusta escribir que sí
que


esta casualidad es la tradición más hermosa posible


Y además
que




No estamos enamorados
pero



viernes, 26 de abril de 2013

Mi primer Duelo.



Apareció mientras yo viajaba, tomaba mates en alguna plaza o quizás sucedió algunos de esos días donde me perdí en la cama.
No sé, pero el tipo no tenía duda alguna de que yo era una de aquéllas Aqueas.
Ahora estoy muy triste.
Siento como si hubiese perdido por primera vez.
Me lo imagino entrando con una espada, pelado (Y sí, Sofía y su teoría de los mafiosos) hambriento, canalla.
Y me lo imagino encontrando ese tesoro.
Sofía totalmente desparramada en esa pequeña memoria de esa pequeña habitación.
Niña desafiante, niña inocente, niña mujer, niña guerrera, niña deseo, niña palabra.

Sola como siempre. Sofía con marcas como siempre.

Desprotegida de todo posible impostor, segura de sí misma, pobre Sofía.

Imagino como la tomó de los hombros, por la espalda. O mejor no, en realidad no, la vio entre humos y olores de noches de insomnios confusos, totalmente atraído por ese cuerpo sin esperanzas ciegas, por ese cuerpo inconsciente y aún así vivo, por ese cuerpo seguro de los finales y aún disfrutando. Se sintió completamente maravillado con esa niña fin disfrutando. 
Sus dedos con y sin tiempos no se detendrían ante ningún hombre, aún sabiendo que, aún sabiendo.
Sofía. Blanca, gris, Martirio, escalera, escritores. Sofía con manos de doce años, Sofía con manos de diecisiete años, Sofía con manos de veinte, Sofía con manos de casi toda una vida. Sofía como el todo de los todos posibles y frente al traidor. El mayor de los tesoros posibles para esta escritora en las manos de ese hombre seguramente rudo, seguramente ignorante aún de éso que tomaba fuertemente y comenzaba a morder, a arrancar, a masticar, para luego deglutir y sí, claro está, sobrevivir.

Hoy estamos todos de duelo. No sé bien a quiénes me refiero con "estamos todos". Pero así se siente. A pesar de mi rechazo a las aparentes sensaciones, la angustia toma ineludiblemente dimensiones colectivas.

Hoy, veintisiete de abril de dos mil trece necesito decir ese "estamos todos" aunque no. Ya está. 

Niña desafiante, niña inocente, niña mujer, niña guerrera, niña deseo, niña palabra, palabra muerta.

Quedará en la historia aquél gusano miserable que se comió el mejor de mis tesoros, mi único tesoro, mis únicos tesoros, siempre algún que otro personaje que vendrá contará la historia en la que 








Un  Troyano se comió mis cuentos.







domingo, 21 de abril de 2013

Sofía que sueña

Increíble.

Anoche te volví a soñar y eras exactamente igual que siempre.
Todo era igual que siempre, que aquella vez.
Sólo que dormida me permití odiarte, fiel inconsciente.
Entonces te clavaba el cuchillo el la parte izquierda del abdómen y te sonreía inocentemente, como sonríen las niñas que tienen conciencia de ese tipo de culpabilidades sin querer, algo así como el beso de la muerte, el amor y el odio en un mismo acto, el victimario víctima, nada más cliché.
Y mientras se te caía un hilo de sangre desde los labios, me regalabas una golosina, tal cual se le regala un premio a la niña que hace lo que debe, lo correcto, lo que se espera que haga.
Increíble.

Cada día me enamoro más de mis inconsciencias.

viernes, 29 de marzo de 2013

Créeme







estoy cumpliendo con mi palabra.




















y todavía no puedo distinguir si eso es algo bueno o algo malo.


viernes, 8 de marzo de 2013

Cuando yo era Martirio




Anoche nos volví a llorar y me odié un poco más por eso.




Dejamos de ser Sofía para ser Martirio.
De ser pasión para ser encrucijada. 
De ser niña para ser mancha.




No nos podemos obligar a dormir, ni a escribir ni a hacer el amor. No se puede obligar al placer.
Ahora conmigo está Martirio, justo debajo del lunar del dedo meñique derecho que tanto admira Sofía o en el centro del nódulo que nos dijo esa que es bueno.
Que si duele es bueno.
Fijate vos como hasta el cuerpo se pone a favor tuyo, unen fuerzas en mi contra.
Martirio con su voz de fondo que alcanza mi irresponsabilidad y hechiza mi cabeza hasta lo más espeluznante del jardín de los terribles.
Martirio cruel.
Martirio que sufre porque es tan boluda.
Martirio que apareció el día en que Sofía se cansó, porque una vez Sofía se cansó de ese amor sin amor que la dejó vacía, Sofía sangrante y sola y desencantada de él y por lo tanto de todo lo demás. Sofía entonces sin Sofía.
Y ahora lo que nos hicieron se lo hacemos a él, cadena de favores. Y por eso Martirio.



El cuerpo lleno de ternuras malignas, 
de sombras mortales,
 de incertidumbres esotéricas, 
de rituales destructivos, 
de putas muertas y verdes,
de vacíos enfermos. 

El cuerpo lleno de Martirio.



viernes, 16 de noviembre de 2012

lunes, 12 de noviembre de 2012

Humanimales



Los humanos prometen como si en el año entrante no festejaran su cumpleaños.

Perdón, quizás soy repetitiva.

Pero nadie puede negar que las promesas están para romperse. Lo que se promete necesita ser prometido porque existe una inseguridad irrevocable que tarde o temprano se va a hacer notar. Y Vicky, perdoname, pero esto de las promesas es un terrible fiasco.

Es extraño que un ser efímero y extraño hasta para sí mismo pronuncie palabras como siempre o nunca.



Prefiero el ahora del bar y sus arrebatos, tan dulces, mucho más reales aunque increíbles, pero reales.

El prometedor siente culpa porque algo anda mal y promete. El prometido siente sed de seguridad porque algo anda mal y demanda. Y lo peor es que la cursilería del hecho no les deja ver todo lo que hay detrás.






Yo por ejemplo, una vez tuve ocho años.

Y le prometí a mi muñeca que nunca me separaría de ella.




Y se lo prometí
 justamente después de haber llorado desconsoladamente
 porque le había arrancado la cabeza.





lunes, 22 de octubre de 2012

Somos

 reyes inconfundibles del salvajismo de la piel y sus caprichos. 


Habrá que esperar para escuchar sus gritos y dejarse caer  en su felinidad absurda, 
y entonces sí, entonces nos perderemos entre las sábanas azules 
o ahogaremos los pies hasta sangrar y quizás tal vez, 
tal vez la palabra se deje ganar
para
quedarnos
completamente dormidos en ella.

Sólo así, nos veremos.
Solos.



Así.







Prometo no huir esta vez.

viernes, 12 de octubre de 2012

Humanimales



Estaba yo tratando de concentrarme sobre Juan o los tipos que miran fijo desde una tapa de una revista y que son unos idiotas cuando escuché algo.
Ni más ni menos que la puerta. Jugaba con su llave, la mordía con el cerrojo para llamar la atención. Se podía oír el ruido de ella moviéndose sigilosa, queriendo ser humana. Después comenzó a respirar profundamente, estilizada en la cortina que colgaba desde su borde superior.
Un rocanrol a lo lejos. Parece salirse de los zapatos. Los zapatos viejos. 
Quisiera volver 
pero estoy borracha. 

viernes, 21 de septiembre de 2012

Todos los humanos parecen normales de mañana. Ella no.

La calle que serpea.
Sus ojos que no miran.

Pasó la noche en vela, como siempre y no pudo recordar en que momento la lluvia desapareció y el sol volvió a poner las cartas sobre la mesa.
Le quemaba el encierro y la mañana era como una Rayuela exquisita para degustar caminando por donde sabía caminar.
Casi al pasar se topó con un barquito de papel, abandonado entre tanto pasto y tanta tierra y sus ojos anclaron involuntariamente en ese encuentro y su sensación: algo así como una incertidumbre violenta propia de la moral instintiva de una niña y sus improvistos.
Siguió caminando.
Se detuvo un momento.
Siguió caminando.
Cuando ya estaba cerca de su casa decidió volver al parque y devolver ese barquito de papel a cualquier charquito que encontrase y del cual seguramente se había perdido.
Sólo así ella podría devolverse a
la calle que serpea
a su charquito del noveno b
a sus libros de la mesita de luz
a su té con cigarro




a sus ojos que dicen que no miran.













lunes, 3 de septiembre de 2012

Cuando yo era Sofía


A Martirio no la queremos.
Nos engañó.
Se mimetizó entre los pliegues de nuestro vestido cuando llorábamos en la ventana y nos enredó las piernas y las pestañas por pura inercia.
Nos enseñó a mentir y desacreditó palabras como discursos.
Es gris y vive en los charcos de agua. No, no es un sapo, no sabe nadar y ella también les teme.
Es la humedad que nos pudre la cabeza y la llena de grietas sin sentidos.
Es el miedo sin corpiños.
Es el diccionario de los muertos.
Es un ogro maloliente y no la queremos.
Es domingo y nada más. En cambio nosotras, vos, Sofía, no conocés los almanaques.
Tiene voz de radio legal, no como la nuestra que viene desde el fondo de la botella de vodka con cigarros y busca metáforas como encendedores.
Nos manipuló todo este tiempo pero ahora ya sabemos, sí, la reconocimos.
Nos invitó a jugar y nos ató a una silla con una soga demasiado real.
No sabemos adónde ir, pero a ella no la vamos a llevar.
Estamos demasiado dormidas, nos anestesió sin caja de Pandora y ya no creemos en ella.
Sabe atar nudos sin dedos y nosotras somos muy torpes con las manos, apenas sabemos mover los pies.
No se aferra a nada, sabe soltar pero no soltarse.
Nos da pena pero ahora estamos enojadas con ella.
No la podemos querer, no es como nosotras, no conoce el deseo. Es una adicta incompetente.
Entonces esperaremos a la luna Sofía, nuestra luna.
Siempre la noche será más cómoda para escapar.






Y volver,
con los cabellos como manos,
con las manos como  libertad.