Mostrando entradas con la etiqueta Martirio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Martirio. Mostrar todas las entradas

martes, 15 de julio de 2014

15/07/2014





Cada día me siento más muerta.
Se me pudre el sueño, se me deshojan los ojos, se me pierden las lenguas, se me enferma la memoria.
Cada día me siento más muerta.
Se me van de putas las esperanzas, se me desarman los discursos, se me enceguecen las inconsciencias.
Cada día me siento más muerta.
Se me desangran los deseos, se me olvidan tus nombres, se me atontan las cicatrices.
Cada día me siento más muerta.
Se me martirizan los aciertos, se me desapropian los rituales, se me ríen las palabras.




Cada día me siento más muerta, felicitaciones caro mío.
 Buen trabajo.




lunes, 7 de octubre de 2013

Orgasmo del desencuentro.



Nos enredamos (indeciblemente) en la lengua perversa del misterio irrevocable del encuentro.
Por eso, encuentro. Porque hay algo que no se deja encontrar. Algo así como la ambigüedad del lenguaje es lo que nos mantiene vivos y enredados, sobrevivientes encontrados.
Eso que no se deja encontrar, que no sabemos que es pero que se inscribe como regla general de la nocturnidad misma de cualquier sujeto que esté sujeto a cualquier miedo peligroso que nos defina como seres vivos, éso se traduce en lo que el barbudo llama velos.
Desde el cabello hasta la boca estoy velada.
De a poco intentarás (absurda e inútilmente) arrancarme el velo que esta atado a mi lengua.
Dejaré que lo hagas desde el sometimiento más siniestro que apresa a cualquier sobreviviente cegado (porque tus velos seguirán allí, intactos, porque yo, porque Sofía o Martirio, mujeres amantes de la ilusión). Entonces el velo del lenguaje viajará por mi esófago, rozará la campanilla y se liberará después de un lastimoso tironeo con mis dientes. Casi como un vómito, me arrancarás de mí.

Me desnudarás hasta dejarme en ese sinsentido que es Sofia.
Y no podré decirte nada, no podré pedirte que te detengas, no podré rogarte que no me asesines de esa manera. Porque Martirio y yo sabemos que es hermoso desnudar a Sofía.


Es placenteramente inevitable
asesinarla de esa manera. 


 

miércoles, 17 de julio de 2013

Cómo era




Cómo era eso que había estado pensando hasta recién.
Eh.
Tenía que ver con un cubo mágico y con el sacrificio, con la palabra sacrificio.
Y todo eso era y no era yo y eso era toda la cuestión, como la palabra vida, mi palabra vida.



Si volvemos a aquélla mancha del vestido, entonces el cubo mágico era Sofía y vos lo desarmaste. Lo transformaste en caos ilógico. Entonces después te fuiste y me dejaste con la palabra caos.

 Esa noche, ese ritual, ese sacrificio, esa niña, esa sangre.

Ahora hay que volver a armar el cubo, volver a transformarlo en ese cubo simétricamente seguro, sin dudas ni manchas raras.
Pero parece imposible.
Porque ya no es juego.
Entonces se hace más imposible.
Y tiene sentido que ese instinto infantil quiera volver a dominar y que a veces de hecho, domine. Es decir, Sofía.
Pero también está la certeza de que Sofía se ha transformado ineludiblemente, se gusta, habrá que escribirlo así, qué sé yo. O Martirio.
Y que esa transformación nos puede regresar alguna vez a ese cubo certero y simétrico pero necesaria e inconscientemente será ese el momento previo al nuevo y devastador desarme, porque de lo contrario




morimos, digamos.



Jude no te pienso ahora porque te sigo amando. Entrás en mis pensamiento como un cuadradito más del cuadrado, como algo que pasó y quizás

hasta es verdad y te odio un poco por eso.






No sé si era esto exactamente.
Es decir no, nunca es exactamente.
Las palabras son independientes,
seductoras,
poderosas,
hasta brujas
y se escriben como quieren.
Y me hacen dudar
si era esto
u otra
u otra cosa lo que pensaba,
me han confundido
y ahora olvidé eso que antes estaba tan claro.
Entonces es cierto,
las palabras también me hacen olvidar.


Malditas y amadas sean ellas,
éstas,
aquéllas
y sobre todo





las tuyas.


domingo, 14 de julio de 2013

Martirio bajo las uñas.

Ese arañazo tan Jude.


Y de pronto somos eso que tanto odiamos alguna vez.







No me mires así.


Así.




Aquí.



-Muchachita, cierra la boca.
Muchachita borracha.
Pequeña muchachita.
Deja que el sexo cante para nosotros.



viernes, 26 de abril de 2013

Mi primer Duelo.



Apareció mientras yo viajaba, tomaba mates en alguna plaza o quizás sucedió algunos de esos días donde me perdí en la cama.
No sé, pero el tipo no tenía duda alguna de que yo era una de aquéllas Aqueas.
Ahora estoy muy triste.
Siento como si hubiese perdido por primera vez.
Me lo imagino entrando con una espada, pelado (Y sí, Sofía y su teoría de los mafiosos) hambriento, canalla.
Y me lo imagino encontrando ese tesoro.
Sofía totalmente desparramada en esa pequeña memoria de esa pequeña habitación.
Niña desafiante, niña inocente, niña mujer, niña guerrera, niña deseo, niña palabra.

Sola como siempre. Sofía con marcas como siempre.

Desprotegida de todo posible impostor, segura de sí misma, pobre Sofía.

Imagino como la tomó de los hombros, por la espalda. O mejor no, en realidad no, la vio entre humos y olores de noches de insomnios confusos, totalmente atraído por ese cuerpo sin esperanzas ciegas, por ese cuerpo inconsciente y aún así vivo, por ese cuerpo seguro de los finales y aún disfrutando. Se sintió completamente maravillado con esa niña fin disfrutando. 
Sus dedos con y sin tiempos no se detendrían ante ningún hombre, aún sabiendo que, aún sabiendo.
Sofía. Blanca, gris, Martirio, escalera, escritores. Sofía con manos de doce años, Sofía con manos de diecisiete años, Sofía con manos de veinte, Sofía con manos de casi toda una vida. Sofía como el todo de los todos posibles y frente al traidor. El mayor de los tesoros posibles para esta escritora en las manos de ese hombre seguramente rudo, seguramente ignorante aún de éso que tomaba fuertemente y comenzaba a morder, a arrancar, a masticar, para luego deglutir y sí, claro está, sobrevivir.

Hoy estamos todos de duelo. No sé bien a quiénes me refiero con "estamos todos". Pero así se siente. A pesar de mi rechazo a las aparentes sensaciones, la angustia toma ineludiblemente dimensiones colectivas.

Hoy, veintisiete de abril de dos mil trece necesito decir ese "estamos todos" aunque no. Ya está. 

Niña desafiante, niña inocente, niña mujer, niña guerrera, niña deseo, niña palabra, palabra muerta.

Quedará en la historia aquél gusano miserable que se comió el mejor de mis tesoros, mi único tesoro, mis únicos tesoros, siempre algún que otro personaje que vendrá contará la historia en la que 








Un  Troyano se comió mis cuentos.







viernes, 29 de marzo de 2013

Créeme







estoy cumpliendo con mi palabra.




















y todavía no puedo distinguir si eso es algo bueno o algo malo.


viernes, 8 de marzo de 2013

Cuando yo era Martirio




Anoche nos volví a llorar y me odié un poco más por eso.




Dejamos de ser Sofía para ser Martirio.
De ser pasión para ser encrucijada. 
De ser niña para ser mancha.




No nos podemos obligar a dormir, ni a escribir ni a hacer el amor. No se puede obligar al placer.
Ahora conmigo está Martirio, justo debajo del lunar del dedo meñique derecho que tanto admira Sofía o en el centro del nódulo que nos dijo esa que es bueno.
Que si duele es bueno.
Fijate vos como hasta el cuerpo se pone a favor tuyo, unen fuerzas en mi contra.
Martirio con su voz de fondo que alcanza mi irresponsabilidad y hechiza mi cabeza hasta lo más espeluznante del jardín de los terribles.
Martirio cruel.
Martirio que sufre porque es tan boluda.
Martirio que apareció el día en que Sofía se cansó, porque una vez Sofía se cansó de ese amor sin amor que la dejó vacía, Sofía sangrante y sola y desencantada de él y por lo tanto de todo lo demás. Sofía entonces sin Sofía.
Y ahora lo que nos hicieron se lo hacemos a él, cadena de favores. Y por eso Martirio.



El cuerpo lleno de ternuras malignas, 
de sombras mortales,
 de incertidumbres esotéricas, 
de rituales destructivos, 
de putas muertas y verdes,
de vacíos enfermos. 

El cuerpo lleno de Martirio.



lunes, 29 de octubre de 2012

Amas dejarme a s í

Es un dejavú pelotudo el de reencontrarse con el mismo fantasma una y otra vez.
Aburre.
Bueno.
Sí, ya sé.
Ya sé que te dije que me iba a quedar.



Pero.



No estoy segura de tener algún que otro rincón sangriento en algunas de tus manos donde dejarme caer.
Fue.
Debe ser por la lluvia.




Pero.







Aún así, mentí.
Es decir no. 
Olvidar decir algo es como una mentira de mentiras: si de algo no tengo dudas (y por consiguiente, esto es increíble) es que las promesas están para romperse.
Sí, dejavú. Después de todo te advertí que si te escribo palabras, ellas sí tendrán un lugar en mis manos y en nuestro papel, así como también su por qué (su delicioso por qué).



Mirar a mi gato pelearse con él contra un espejo. Waw. La realidad nos regala metáforas pedorras en cualquier esquina de la casa con lluvia.
Bueno.
Pero mi gato y yo lo sabemos mejor que nadie, nos miramos y lo sabemos: nunca podremos quedarnos en el tejado de la cabeza de nadie. La excepción no existe y es demasiado cursi para nosotros.






Bueno ché. Paremos un poco la pelota.
Disculpá.
Lo que pasa es que últimamente ando demasiado epidérmica.





Qué le vamos a hacer.