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domingo, 16 de junio de 2013

El Señor de las Escaleras se llama Otto

finalmente entiendo como funcionan las casualidades






en este momento me late fuerte el corazón, como ese amante que me dijo ese amanecer con precisión cuantos latidos cabían en un segundo mío
era buen amante porque era preciso
pero Sofía nunca se enamora de la precisión




no sé como se escriben las casualidades

pero es verdad que te pensé en una fantasía ridícula
y que después cerré la puerta
y te vi
actuando exactamente como en esa ridiculez

y ahora me tiembla el cuerpo como si hubiese sido real



a veces camino por las calles
absorta
y me reconozco en esa necesidad de casualidades
y entonces apareces
claro, nunca te permitirías fallar

pero no pasa nada
nada más que eso
y de ahí la ridiculez de la fantasía
maldita lógica que nos domina
(me gusta pensar que a vos más que a mí)
de vivir sabiendo que cuando el deseo finalmente llega a donde quiere llegar
entonces caduca
así que vos te limitás a respetar esta lógica
y por eso nada
mientras yo espero finalmente ese caos 
por eso no es casualidad
aunque me gusta escribir que sí
que


esta casualidad es la tradición más hermosa posible


Y además
que




No estamos enamorados
pero



viernes, 31 de mayo de 2013

De noche y tan a solas.



Las sombras se reconocen desde lejos, aún cuando el vaho nocturno del deseo parezca confuso.
La noche, nada más que nosotros en ella y ella haciéndonos lo que quiera.
Yo les temo a las sombras, a eso que es y a la vez no se deja ver. Entonces es el mismo miedo de siempre, cuando decimos que cosas quedaron atrás es mentira. Esas cosas siempre son mentiras de noche. Y sí, no le temo al contacto en sí, sino a su efecto, a lo que podría pasar. Aunque en realidad, más le temo a lo que no podría pasar.

Y entonces la sensual estupidez de ahogarse en cualquier placer que la noche disponga, entre flores y cervezas, entre cortesía y barbarie, entre las ambivalencias comunes de cualquier tipo de espera.




Pobre la preciosa dama azul. 

viernes, 26 de abril de 2013

Mi primer Duelo.



Apareció mientras yo viajaba, tomaba mates en alguna plaza o quizás sucedió algunos de esos días donde me perdí en la cama.
No sé, pero el tipo no tenía duda alguna de que yo era una de aquéllas Aqueas.
Ahora estoy muy triste.
Siento como si hubiese perdido por primera vez.
Me lo imagino entrando con una espada, pelado (Y sí, Sofía y su teoría de los mafiosos) hambriento, canalla.
Y me lo imagino encontrando ese tesoro.
Sofía totalmente desparramada en esa pequeña memoria de esa pequeña habitación.
Niña desafiante, niña inocente, niña mujer, niña guerrera, niña deseo, niña palabra.

Sola como siempre. Sofía con marcas como siempre.

Desprotegida de todo posible impostor, segura de sí misma, pobre Sofía.

Imagino como la tomó de los hombros, por la espalda. O mejor no, en realidad no, la vio entre humos y olores de noches de insomnios confusos, totalmente atraído por ese cuerpo sin esperanzas ciegas, por ese cuerpo inconsciente y aún así vivo, por ese cuerpo seguro de los finales y aún disfrutando. Se sintió completamente maravillado con esa niña fin disfrutando. 
Sus dedos con y sin tiempos no se detendrían ante ningún hombre, aún sabiendo que, aún sabiendo.
Sofía. Blanca, gris, Martirio, escalera, escritores. Sofía con manos de doce años, Sofía con manos de diecisiete años, Sofía con manos de veinte, Sofía con manos de casi toda una vida. Sofía como el todo de los todos posibles y frente al traidor. El mayor de los tesoros posibles para esta escritora en las manos de ese hombre seguramente rudo, seguramente ignorante aún de éso que tomaba fuertemente y comenzaba a morder, a arrancar, a masticar, para luego deglutir y sí, claro está, sobrevivir.

Hoy estamos todos de duelo. No sé bien a quiénes me refiero con "estamos todos". Pero así se siente. A pesar de mi rechazo a las aparentes sensaciones, la angustia toma ineludiblemente dimensiones colectivas.

Hoy, veintisiete de abril de dos mil trece necesito decir ese "estamos todos" aunque no. Ya está. 

Niña desafiante, niña inocente, niña mujer, niña guerrera, niña deseo, niña palabra, palabra muerta.

Quedará en la historia aquél gusano miserable que se comió el mejor de mis tesoros, mi único tesoro, mis únicos tesoros, siempre algún que otro personaje que vendrá contará la historia en la que 








Un  Troyano se comió mis cuentos.







domingo, 26 de agosto de 2012

Pscicatriz

de una obsesión abierta.













Señor de las Escaleras:

Asumo que 
Me gusta caerme en tus pupilas. 
Perderte en mi memoria molesta.
Matarme en tu discurso.
Alejarte de vos cuando nadie nos ve
y siempre que la noche sea un mientras tanto borracho que promete olvidar.



miércoles, 22 de agosto de 2012

Cuando yo era Sofía

Se reencontraban por las madrugadas para gemir cualquier palabra y amarla el resto de la semana, 
era algo así como la supervivencia lingüística, 
un beso sin amor pero de bocas divinas, 
una sobredosis de inmortalidad para reírse un poco de sí mismos y respirarse más vivos de lo habitual.

Señor de las Escaleras, no me asusta su lengua salvaje. 
No desafíe a una niña como Sofía,
sus juegos son peligro, le encanta dejarse ganar,
su boca no es de confiar, nunca muerde porque sí,
sus lunares son maldición, tiene la piel llena de ojos.
Es peligrosa si sonríe cuando llueve y su inocencia no es misterio, 
es crueldad.