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domingo, 5 de febrero de 2017

Ya me estoy pareciendo a un amigo mío

Todavía no cruzamos dos palabras
(Sólo catorce miradas y media)
y ya te escribí como quince poemas.
Estoy mintiendo y ya te diste cuenta.
La verdad es que            
Quisiera ser tu luz a encender.
Te lo repito
por si no lo entendiste o no escuchaste bien,
como para que no quede duda de nada, viste.
Quisiera-ser-tu-luz-a-encender.
Quisiera que me arranques de la oscuridad
fervientemente, fervorosamente, efervescentemente, desesperadamente  
Un ratito nomás.
Prometo seguirte el juego,


brillar
brillar brillar brillar brillar
hasta que se te acaben las ganas.


miércoles, 16 de noviembre de 2016

Invocación


La ausencia de los jazmines
y un olor a cigarrillos que pide eternidad.

Calla el mar, oscuro.
Y los encendedores se pierden como nosotras.

-La luna está toreando.-Dice Louis, por segunda vez.
Tiene razón.
Aún no aprendimos a creer
que somos
las que beben
las aguas a la hora de la siesta
y cuando la tormenta nos olvida.


miércoles, 28 de septiembre de 2016

Quiero



decirte que soy un mar que quiere
llenarte la boca de sal y de viento
arremeter contra tu cuerpo que no sabe escuchar otros cuerpos que no saben

nada más y nada menos
que mojarse los pies






en mí.


lunes, 25 de noviembre de 2013

Emes





-Digo yo ¿Tanto lío para decir querer o querer decir? ¿Tanto lío para querer o quererse?- dijo Sofía.-No sé, mi Querida Inconsolable. Ya no sé y menos mal.
No me quedó otra que levantar la birome (hipócrita metáfora) y dejar de escr



viernes, 26 de abril de 2013

Mi primer Duelo.



Apareció mientras yo viajaba, tomaba mates en alguna plaza o quizás sucedió algunos de esos días donde me perdí en la cama.
No sé, pero el tipo no tenía duda alguna de que yo era una de aquéllas Aqueas.
Ahora estoy muy triste.
Siento como si hubiese perdido por primera vez.
Me lo imagino entrando con una espada, pelado (Y sí, Sofía y su teoría de los mafiosos) hambriento, canalla.
Y me lo imagino encontrando ese tesoro.
Sofía totalmente desparramada en esa pequeña memoria de esa pequeña habitación.
Niña desafiante, niña inocente, niña mujer, niña guerrera, niña deseo, niña palabra.

Sola como siempre. Sofía con marcas como siempre.

Desprotegida de todo posible impostor, segura de sí misma, pobre Sofía.

Imagino como la tomó de los hombros, por la espalda. O mejor no, en realidad no, la vio entre humos y olores de noches de insomnios confusos, totalmente atraído por ese cuerpo sin esperanzas ciegas, por ese cuerpo inconsciente y aún así vivo, por ese cuerpo seguro de los finales y aún disfrutando. Se sintió completamente maravillado con esa niña fin disfrutando. 
Sus dedos con y sin tiempos no se detendrían ante ningún hombre, aún sabiendo que, aún sabiendo.
Sofía. Blanca, gris, Martirio, escalera, escritores. Sofía con manos de doce años, Sofía con manos de diecisiete años, Sofía con manos de veinte, Sofía con manos de casi toda una vida. Sofía como el todo de los todos posibles y frente al traidor. El mayor de los tesoros posibles para esta escritora en las manos de ese hombre seguramente rudo, seguramente ignorante aún de éso que tomaba fuertemente y comenzaba a morder, a arrancar, a masticar, para luego deglutir y sí, claro está, sobrevivir.

Hoy estamos todos de duelo. No sé bien a quiénes me refiero con "estamos todos". Pero así se siente. A pesar de mi rechazo a las aparentes sensaciones, la angustia toma ineludiblemente dimensiones colectivas.

Hoy, veintisiete de abril de dos mil trece necesito decir ese "estamos todos" aunque no. Ya está. 

Niña desafiante, niña inocente, niña mujer, niña guerrera, niña deseo, niña palabra, palabra muerta.

Quedará en la historia aquél gusano miserable que se comió el mejor de mis tesoros, mi único tesoro, mis únicos tesoros, siempre algún que otro personaje que vendrá contará la historia en la que 








Un  Troyano se comió mis cuentos.







sábado, 23 de marzo de 2013

Vejestorio







Una vez fui a ese lugar con las mismas intenciones que esa escritora.
La vi sentada desde la esquina, como una perra fiel que sabe perfectamente como son las cosas pero aún así se da el lujo de los sin embargos.
Lo que pasa es que todo el mundo tiene sed y hay que saciarla, ahogarse en cualquier charquito vacío, ser el anfibio. (dale, así así.) Es decir, eso que está en mitad de algo, ser la duda y encargarse de embriagarse de ella todos los días antes de empezar la rutina.
La piba tiene el aspecto de lo que es, por eso me cae bien.
Probablemente ella también se dio cuenta de por qué estoy ahí y hasta quizás se sienta un poco avergonzada. Porque algo nos separa, algo nos hace tener las mismas intenciones, el mismo poder de saborear la realidad de mierda con las palabras y sus etcéteras y aún así, no sentirnos hermanas de una misma manada.
Lamentablemente algo nos separa, lamentablemente ella es la perra fiel y yo estoy con mi vasito en la esquina esperando pero sin esperar (casi como ese tipo del museo y el cuadro que no me acuerdo como se llama).
La miro y me doy cuenta (tengo esa mala costumbre) de saber que yo una vez también fui la perra fiel y que lamentablemente como toda perra fiel terminé mojada por la lluvia en una esquinita con un vasito toda chiquitita pero esta vez del otro lado. Del lado de las que van a probar suerte, del lado de las que se enamoran de la seducción inevitable de las improbabilidades incongruentemente irreales para encontrar alguna musa pedorra con la cual sentarse acá y escribir que sí, que entre esa pobre perra fiel y yo hay una diferencia.


Ella  se sentó allí.
Ella lo está esperando porque lo está esperando.
Pero ella tiene que disimularlo.
Y lo hace tan mal.
Es tan ella.
Me cae bien la muchachita.



Sí Sofía, mirala, agosto siempre nos regala este tipo de ternuras malignas. Qué belleza. Ella fue como nosotras Sofía. Sí, vinimos por lo mismo.
Pero algo  nos hace diferentes.
Martirio está enamorada.

Y quizás por eso nos odia tanto.


martes, 14 de agosto de 2012

Sofía parada frente a algo

Hay personas que son encuentros.
Hay encuentros que son instantes.
Hay instantes que son sensaciones.
Mi mente suele ser la recopilación silenciosa de esto, como por ejemplo: ése ojo verde en mi cama, el odio desbordado en mis ojos o ésa vez en que vos parado frente a mí y yo frente a vos en un pasillo cualquiera y silencio.
Recuerdo que creí que si te decía algo arruinaría ese momento tan literatura.
¿Qué estarías pensando en ese momento? Y supongo que cuando volteé después de esos minutos donde la sangre latía detrás de esa blancura llena de miedos, seguimos y si de algo estoy segura es que te quedaste pensando lo mismo que yo ¿Qué estarías pensando en ese momento?


Me gusta. Por eso lo miro y estoy así. Parezco quieta. Parezco humana. Pero adentro. En el estómago, por la garganta, en la esquinas de los ojos y hasta la punta de los pies, siento el frenesí de ese algo que está ahí.
Y yo acá.
Y me gusta. Por eso lo miro.
Y así tendría que ser la vida siempre. A veces es siempre así. Pero solamente a veces es siempre. Porque después vienen las explicaciones a envenenar las circunstancias, contaminándolas de razón. Y la razón es tan estúpida porque la necesitamos.
Yo no quiero necesitar. Yo no quiero tener razón.
Vivir es estar parada frente a algo que me gusta, como este pasillo que es un encuentro que es un instante que es una sensación y nada más y nada menos que la vida y yo en frente.
Yo viva, sin ninguna razón.
Yo viva.
Y las explicaciones en el cajón.