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lunes, 25 de noviembre de 2013

ganas/GANAS






No se está en ningún lado.
El desencuentro es permanente.
Si Sofía no es y el vacío erige pasamanos,
 que Martirio
nunca nos deje en paz.




Yo también a veces me canso de pelear conmigo misma.


Si es cierto, entonces reí 
que Martirio es un cliché
y Sofía está cada vez más cerca de ser superstición -




domingo, 16 de junio de 2013

El Señor de las Escaleras se llama Otto

finalmente entiendo como funcionan las casualidades






en este momento me late fuerte el corazón, como ese amante que me dijo ese amanecer con precisión cuantos latidos cabían en un segundo mío
era buen amante porque era preciso
pero Sofía nunca se enamora de la precisión




no sé como se escriben las casualidades

pero es verdad que te pensé en una fantasía ridícula
y que después cerré la puerta
y te vi
actuando exactamente como en esa ridiculez

y ahora me tiembla el cuerpo como si hubiese sido real



a veces camino por las calles
absorta
y me reconozco en esa necesidad de casualidades
y entonces apareces
claro, nunca te permitirías fallar

pero no pasa nada
nada más que eso
y de ahí la ridiculez de la fantasía
maldita lógica que nos domina
(me gusta pensar que a vos más que a mí)
de vivir sabiendo que cuando el deseo finalmente llega a donde quiere llegar
entonces caduca
así que vos te limitás a respetar esta lógica
y por eso nada
mientras yo espero finalmente ese caos 
por eso no es casualidad
aunque me gusta escribir que sí
que


esta casualidad es la tradición más hermosa posible


Y además
que




No estamos enamorados
pero



viernes, 26 de abril de 2013

Mi primer Duelo.



Apareció mientras yo viajaba, tomaba mates en alguna plaza o quizás sucedió algunos de esos días donde me perdí en la cama.
No sé, pero el tipo no tenía duda alguna de que yo era una de aquéllas Aqueas.
Ahora estoy muy triste.
Siento como si hubiese perdido por primera vez.
Me lo imagino entrando con una espada, pelado (Y sí, Sofía y su teoría de los mafiosos) hambriento, canalla.
Y me lo imagino encontrando ese tesoro.
Sofía totalmente desparramada en esa pequeña memoria de esa pequeña habitación.
Niña desafiante, niña inocente, niña mujer, niña guerrera, niña deseo, niña palabra.

Sola como siempre. Sofía con marcas como siempre.

Desprotegida de todo posible impostor, segura de sí misma, pobre Sofía.

Imagino como la tomó de los hombros, por la espalda. O mejor no, en realidad no, la vio entre humos y olores de noches de insomnios confusos, totalmente atraído por ese cuerpo sin esperanzas ciegas, por ese cuerpo inconsciente y aún así vivo, por ese cuerpo seguro de los finales y aún disfrutando. Se sintió completamente maravillado con esa niña fin disfrutando. 
Sus dedos con y sin tiempos no se detendrían ante ningún hombre, aún sabiendo que, aún sabiendo.
Sofía. Blanca, gris, Martirio, escalera, escritores. Sofía con manos de doce años, Sofía con manos de diecisiete años, Sofía con manos de veinte, Sofía con manos de casi toda una vida. Sofía como el todo de los todos posibles y frente al traidor. El mayor de los tesoros posibles para esta escritora en las manos de ese hombre seguramente rudo, seguramente ignorante aún de éso que tomaba fuertemente y comenzaba a morder, a arrancar, a masticar, para luego deglutir y sí, claro está, sobrevivir.

Hoy estamos todos de duelo. No sé bien a quiénes me refiero con "estamos todos". Pero así se siente. A pesar de mi rechazo a las aparentes sensaciones, la angustia toma ineludiblemente dimensiones colectivas.

Hoy, veintisiete de abril de dos mil trece necesito decir ese "estamos todos" aunque no. Ya está. 

Niña desafiante, niña inocente, niña mujer, niña guerrera, niña deseo, niña palabra, palabra muerta.

Quedará en la historia aquél gusano miserable que se comió el mejor de mis tesoros, mi único tesoro, mis únicos tesoros, siempre algún que otro personaje que vendrá contará la historia en la que 








Un  Troyano se comió mis cuentos.







viernes, 16 de noviembre de 2012

lunes, 22 de octubre de 2012

Somos

 reyes inconfundibles del salvajismo de la piel y sus caprichos. 


Habrá que esperar para escuchar sus gritos y dejarse caer  en su felinidad absurda, 
y entonces sí, entonces nos perderemos entre las sábanas azules 
o ahogaremos los pies hasta sangrar y quizás tal vez, 
tal vez la palabra se deje ganar
para
quedarnos
completamente dormidos en ella.

Sólo así, nos veremos.
Solos.



Así.







Prometo no huir esta vez.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Cuando yo era Sofía


A Martirio no la queremos.
Nos engañó.
Se mimetizó entre los pliegues de nuestro vestido cuando llorábamos en la ventana y nos enredó las piernas y las pestañas por pura inercia.
Nos enseñó a mentir y desacreditó palabras como discursos.
Es gris y vive en los charcos de agua. No, no es un sapo, no sabe nadar y ella también les teme.
Es la humedad que nos pudre la cabeza y la llena de grietas sin sentidos.
Es el miedo sin corpiños.
Es el diccionario de los muertos.
Es un ogro maloliente y no la queremos.
Es domingo y nada más. En cambio nosotras, vos, Sofía, no conocés los almanaques.
Tiene voz de radio legal, no como la nuestra que viene desde el fondo de la botella de vodka con cigarros y busca metáforas como encendedores.
Nos manipuló todo este tiempo pero ahora ya sabemos, sí, la reconocimos.
Nos invitó a jugar y nos ató a una silla con una soga demasiado real.
No sabemos adónde ir, pero a ella no la vamos a llevar.
Estamos demasiado dormidas, nos anestesió sin caja de Pandora y ya no creemos en ella.
Sabe atar nudos sin dedos y nosotras somos muy torpes con las manos, apenas sabemos mover los pies.
No se aferra a nada, sabe soltar pero no soltarse.
Nos da pena pero ahora estamos enojadas con ella.
No la podemos querer, no es como nosotras, no conoce el deseo. Es una adicta incompetente.
Entonces esperaremos a la luna Sofía, nuestra luna.
Siempre la noche será más cómoda para escapar.






Y volver,
con los cabellos como manos,
con las manos como  libertad.

martes, 14 de agosto de 2012

Sofía parada frente a algo

Hay personas que son encuentros.
Hay encuentros que son instantes.
Hay instantes que son sensaciones.
Mi mente suele ser la recopilación silenciosa de esto, como por ejemplo: ése ojo verde en mi cama, el odio desbordado en mis ojos o ésa vez en que vos parado frente a mí y yo frente a vos en un pasillo cualquiera y silencio.
Recuerdo que creí que si te decía algo arruinaría ese momento tan literatura.
¿Qué estarías pensando en ese momento? Y supongo que cuando volteé después de esos minutos donde la sangre latía detrás de esa blancura llena de miedos, seguimos y si de algo estoy segura es que te quedaste pensando lo mismo que yo ¿Qué estarías pensando en ese momento?


Me gusta. Por eso lo miro y estoy así. Parezco quieta. Parezco humana. Pero adentro. En el estómago, por la garganta, en la esquinas de los ojos y hasta la punta de los pies, siento el frenesí de ese algo que está ahí.
Y yo acá.
Y me gusta. Por eso lo miro.
Y así tendría que ser la vida siempre. A veces es siempre así. Pero solamente a veces es siempre. Porque después vienen las explicaciones a envenenar las circunstancias, contaminándolas de razón. Y la razón es tan estúpida porque la necesitamos.
Yo no quiero necesitar. Yo no quiero tener razón.
Vivir es estar parada frente a algo que me gusta, como este pasillo que es un encuentro que es un instante que es una sensación y nada más y nada menos que la vida y yo en frente.
Yo viva, sin ninguna razón.
Yo viva.
Y las explicaciones en el cajón.

lunes, 9 de julio de 2012

El Oráculo.

-Él tiene una nueva alma gemela.-dije.
Y al oráculo se le escapó el nombre y con el nombre no pudo evitar darse cuenta que acababa de revelarme lo que tu cobardía impedía. Y no lo digo simplemente porque dijo el nombre de ella, sino porque después me miró nervioso, con esos ojos claros que querían irse, escaparse de mi mirada inquisidora, de lo que había hecho.
Los oráculos dicen la verdad pero saben. Siempre saben más de lo que dicen. Por eso me puse a llorar.
Y me acordé.








Ese jueves, antes de irte traté de incitarte a que no permitas que el futuro se nos caiga en la cabeza. Sí, sí teníamos cabeza y quizás por eso --

Pero después, cuando tu cuerpo se impuso sobre el mío,


desnudo


y tratando de penetrarme:


sentí asco.


Quizás por eso trataba de alejarte,


te empujaba malhumorada,


desesperada también,


no quería tocarte


ni que me toques,


no quería que llegues a mí

de esa manera
ni de ninguna otra,


no quería que entres en mí,

no quería sentir ese cuerpo arriba mío,

casi obligándome a que pasara.







Entonces te levantaste y te fuiste.








De  ésto me acordé cuando el oráculo hizo su  trabajo,
el que yo esperaba que hiciera.
Y entonces lo supe.
Supe por qué no dejé que entres en mí,
supe por qué sentí asco 
cuando tratabas de hacerme el amor.
Por que claro.


El cuerpo también sabe más de lo que dice.