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lunes, 22 de febrero de 2016

Mirándonos



Me gusta cuando hablás de los ojos.
Me gusta fantasearte en los balcones.
Me gusta cuando me sacás del aburrimiento cotidiano de saber lo que una es entre tanto miedo y tanta sed.
Me gustaría escribir que me gusta mirarte cuando hablás de mirarse.
Me gusta que no sepas que sos el argumento de este relato postergable
y de mis viejos deseos que maquinan desde el vello de mi entrepierna
hasta las moscas en mi oídos.
Me gusta que seas eso que está en las esquinas
y que define el tiempo y el espacio




de eso que a veces yo llamo la excepción.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Emes





-Digo yo ¿Tanto lío para decir querer o querer decir? ¿Tanto lío para querer o quererse?- dijo Sofía.-No sé, mi Querida Inconsolable. Ya no sé y menos mal.
No me quedó otra que levantar la birome (hipócrita metáfora) y dejar de escr



ganas/GANAS






No se está en ningún lado.
El desencuentro es permanente.
Si Sofía no es y el vacío erige pasamanos,
 que Martirio
nunca nos deje en paz.




Yo también a veces me canso de pelear conmigo misma.


Si es cierto, entonces reí 
que Martirio es un cliché
y Sofía está cada vez más cerca de ser superstición -




lunes, 7 de octubre de 2013

Orgasmo del desencuentro.



Nos enredamos (indeciblemente) en la lengua perversa del misterio irrevocable del encuentro.
Por eso, encuentro. Porque hay algo que no se deja encontrar. Algo así como la ambigüedad del lenguaje es lo que nos mantiene vivos y enredados, sobrevivientes encontrados.
Eso que no se deja encontrar, que no sabemos que es pero que se inscribe como regla general de la nocturnidad misma de cualquier sujeto que esté sujeto a cualquier miedo peligroso que nos defina como seres vivos, éso se traduce en lo que el barbudo llama velos.
Desde el cabello hasta la boca estoy velada.
De a poco intentarás (absurda e inútilmente) arrancarme el velo que esta atado a mi lengua.
Dejaré que lo hagas desde el sometimiento más siniestro que apresa a cualquier sobreviviente cegado (porque tus velos seguirán allí, intactos, porque yo, porque Sofía o Martirio, mujeres amantes de la ilusión). Entonces el velo del lenguaje viajará por mi esófago, rozará la campanilla y se liberará después de un lastimoso tironeo con mis dientes. Casi como un vómito, me arrancarás de mí.

Me desnudarás hasta dejarme en ese sinsentido que es Sofia.
Y no podré decirte nada, no podré pedirte que te detengas, no podré rogarte que no me asesines de esa manera. Porque Martirio y yo sabemos que es hermoso desnudar a Sofía.


Es placenteramente inevitable
asesinarla de esa manera. 


 

miércoles, 17 de julio de 2013

Cómo era




Cómo era eso que había estado pensando hasta recién.
Eh.
Tenía que ver con un cubo mágico y con el sacrificio, con la palabra sacrificio.
Y todo eso era y no era yo y eso era toda la cuestión, como la palabra vida, mi palabra vida.



Si volvemos a aquélla mancha del vestido, entonces el cubo mágico era Sofía y vos lo desarmaste. Lo transformaste en caos ilógico. Entonces después te fuiste y me dejaste con la palabra caos.

 Esa noche, ese ritual, ese sacrificio, esa niña, esa sangre.

Ahora hay que volver a armar el cubo, volver a transformarlo en ese cubo simétricamente seguro, sin dudas ni manchas raras.
Pero parece imposible.
Porque ya no es juego.
Entonces se hace más imposible.
Y tiene sentido que ese instinto infantil quiera volver a dominar y que a veces de hecho, domine. Es decir, Sofía.
Pero también está la certeza de que Sofía se ha transformado ineludiblemente, se gusta, habrá que escribirlo así, qué sé yo. O Martirio.
Y que esa transformación nos puede regresar alguna vez a ese cubo certero y simétrico pero necesaria e inconscientemente será ese el momento previo al nuevo y devastador desarme, porque de lo contrario




morimos, digamos.



Jude no te pienso ahora porque te sigo amando. Entrás en mis pensamiento como un cuadradito más del cuadrado, como algo que pasó y quizás

hasta es verdad y te odio un poco por eso.






No sé si era esto exactamente.
Es decir no, nunca es exactamente.
Las palabras son independientes,
seductoras,
poderosas,
hasta brujas
y se escriben como quieren.
Y me hacen dudar
si era esto
u otra
u otra cosa lo que pensaba,
me han confundido
y ahora olvidé eso que antes estaba tan claro.
Entonces es cierto,
las palabras también me hacen olvidar.


Malditas y amadas sean ellas,
éstas,
aquéllas
y sobre todo





las tuyas.


domingo, 14 de julio de 2013

Martirio bajo las uñas.

Ese arañazo tan Jude.


Y de pronto somos eso que tanto odiamos alguna vez.







No me mires así.


Así.




Aquí.



-Muchachita, cierra la boca.
Muchachita borracha.
Pequeña muchachita.
Deja que el sexo cante para nosotros.



viernes, 31 de mayo de 2013

De noche y tan a solas.



Las sombras se reconocen desde lejos, aún cuando el vaho nocturno del deseo parezca confuso.
La noche, nada más que nosotros en ella y ella haciéndonos lo que quiera.
Yo les temo a las sombras, a eso que es y a la vez no se deja ver. Entonces es el mismo miedo de siempre, cuando decimos que cosas quedaron atrás es mentira. Esas cosas siempre son mentiras de noche. Y sí, no le temo al contacto en sí, sino a su efecto, a lo que podría pasar. Aunque en realidad, más le temo a lo que no podría pasar.

Y entonces la sensual estupidez de ahogarse en cualquier placer que la noche disponga, entre flores y cervezas, entre cortesía y barbarie, entre las ambivalencias comunes de cualquier tipo de espera.




Pobre la preciosa dama azul. 

viernes, 26 de abril de 2013

Mi primer Duelo.



Apareció mientras yo viajaba, tomaba mates en alguna plaza o quizás sucedió algunos de esos días donde me perdí en la cama.
No sé, pero el tipo no tenía duda alguna de que yo era una de aquéllas Aqueas.
Ahora estoy muy triste.
Siento como si hubiese perdido por primera vez.
Me lo imagino entrando con una espada, pelado (Y sí, Sofía y su teoría de los mafiosos) hambriento, canalla.
Y me lo imagino encontrando ese tesoro.
Sofía totalmente desparramada en esa pequeña memoria de esa pequeña habitación.
Niña desafiante, niña inocente, niña mujer, niña guerrera, niña deseo, niña palabra.

Sola como siempre. Sofía con marcas como siempre.

Desprotegida de todo posible impostor, segura de sí misma, pobre Sofía.

Imagino como la tomó de los hombros, por la espalda. O mejor no, en realidad no, la vio entre humos y olores de noches de insomnios confusos, totalmente atraído por ese cuerpo sin esperanzas ciegas, por ese cuerpo inconsciente y aún así vivo, por ese cuerpo seguro de los finales y aún disfrutando. Se sintió completamente maravillado con esa niña fin disfrutando. 
Sus dedos con y sin tiempos no se detendrían ante ningún hombre, aún sabiendo que, aún sabiendo.
Sofía. Blanca, gris, Martirio, escalera, escritores. Sofía con manos de doce años, Sofía con manos de diecisiete años, Sofía con manos de veinte, Sofía con manos de casi toda una vida. Sofía como el todo de los todos posibles y frente al traidor. El mayor de los tesoros posibles para esta escritora en las manos de ese hombre seguramente rudo, seguramente ignorante aún de éso que tomaba fuertemente y comenzaba a morder, a arrancar, a masticar, para luego deglutir y sí, claro está, sobrevivir.

Hoy estamos todos de duelo. No sé bien a quiénes me refiero con "estamos todos". Pero así se siente. A pesar de mi rechazo a las aparentes sensaciones, la angustia toma ineludiblemente dimensiones colectivas.

Hoy, veintisiete de abril de dos mil trece necesito decir ese "estamos todos" aunque no. Ya está. 

Niña desafiante, niña inocente, niña mujer, niña guerrera, niña deseo, niña palabra, palabra muerta.

Quedará en la historia aquél gusano miserable que se comió el mejor de mis tesoros, mi único tesoro, mis únicos tesoros, siempre algún que otro personaje que vendrá contará la historia en la que 








Un  Troyano se comió mis cuentos.







viernes, 29 de marzo de 2013

Créeme







estoy cumpliendo con mi palabra.




















y todavía no puedo distinguir si eso es algo bueno o algo malo.


sábado, 23 de marzo de 2013

Vejestorio







Una vez fui a ese lugar con las mismas intenciones que esa escritora.
La vi sentada desde la esquina, como una perra fiel que sabe perfectamente como son las cosas pero aún así se da el lujo de los sin embargos.
Lo que pasa es que todo el mundo tiene sed y hay que saciarla, ahogarse en cualquier charquito vacío, ser el anfibio. (dale, así así.) Es decir, eso que está en mitad de algo, ser la duda y encargarse de embriagarse de ella todos los días antes de empezar la rutina.
La piba tiene el aspecto de lo que es, por eso me cae bien.
Probablemente ella también se dio cuenta de por qué estoy ahí y hasta quizás se sienta un poco avergonzada. Porque algo nos separa, algo nos hace tener las mismas intenciones, el mismo poder de saborear la realidad de mierda con las palabras y sus etcéteras y aún así, no sentirnos hermanas de una misma manada.
Lamentablemente algo nos separa, lamentablemente ella es la perra fiel y yo estoy con mi vasito en la esquina esperando pero sin esperar (casi como ese tipo del museo y el cuadro que no me acuerdo como se llama).
La miro y me doy cuenta (tengo esa mala costumbre) de saber que yo una vez también fui la perra fiel y que lamentablemente como toda perra fiel terminé mojada por la lluvia en una esquinita con un vasito toda chiquitita pero esta vez del otro lado. Del lado de las que van a probar suerte, del lado de las que se enamoran de la seducción inevitable de las improbabilidades incongruentemente irreales para encontrar alguna musa pedorra con la cual sentarse acá y escribir que sí, que entre esa pobre perra fiel y yo hay una diferencia.


Ella  se sentó allí.
Ella lo está esperando porque lo está esperando.
Pero ella tiene que disimularlo.
Y lo hace tan mal.
Es tan ella.
Me cae bien la muchachita.



Sí Sofía, mirala, agosto siempre nos regala este tipo de ternuras malignas. Qué belleza. Ella fue como nosotras Sofía. Sí, vinimos por lo mismo.
Pero algo  nos hace diferentes.
Martirio está enamorada.

Y quizás por eso nos odia tanto.


viernes, 8 de marzo de 2013

Cuando yo era Martirio




Anoche nos volví a llorar y me odié un poco más por eso.




Dejamos de ser Sofía para ser Martirio.
De ser pasión para ser encrucijada. 
De ser niña para ser mancha.




No nos podemos obligar a dormir, ni a escribir ni a hacer el amor. No se puede obligar al placer.
Ahora conmigo está Martirio, justo debajo del lunar del dedo meñique derecho que tanto admira Sofía o en el centro del nódulo que nos dijo esa que es bueno.
Que si duele es bueno.
Fijate vos como hasta el cuerpo se pone a favor tuyo, unen fuerzas en mi contra.
Martirio con su voz de fondo que alcanza mi irresponsabilidad y hechiza mi cabeza hasta lo más espeluznante del jardín de los terribles.
Martirio cruel.
Martirio que sufre porque es tan boluda.
Martirio que apareció el día en que Sofía se cansó, porque una vez Sofía se cansó de ese amor sin amor que la dejó vacía, Sofía sangrante y sola y desencantada de él y por lo tanto de todo lo demás. Sofía entonces sin Sofía.
Y ahora lo que nos hicieron se lo hacemos a él, cadena de favores. Y por eso Martirio.



El cuerpo lleno de ternuras malignas, 
de sombras mortales,
 de incertidumbres esotéricas, 
de rituales destructivos, 
de putas muertas y verdes,
de vacíos enfermos. 

El cuerpo lleno de Martirio.



martes, 1 de enero de 2013

Sofía que sueña





Quizás debería comenzar a escribir el libro de mis sueños/pesadillas.
Es decir, la única realidad y sus infinitas metáforas para saber que bueno, que estamos vivos y la experiencia del caos por suerte, de vez en cuando nos pega esos sacudones que tanto necesitamos.
Qué bueno.

Si tan solo.
                                        Pero no.


Todo iba ocurriendo en un escenario infantil, tan típico en la cabeza de Sofía. Se sentía ese bienestar de niños que se arriesgan a jugar juegos que no pueden jugar porque saben perfectamente qué ocurrirá al final.
Estaban parados en ronda, figura repetitiva en cuestiones de rituales particulares.
Pero Sofía tenía una sombra y eso le daba un status completamente responsable y por eso peligroso.
Y Sofía conocía perfectamente a su sombra. Era algo así como el dolor. La sombra se burlaba de cada ser humano que se encontraba en esa ronda. Se les acercaba y tomaba la forma de los miedos más recónditos o de las miserias más perversas de los que estaban allí. Entonces sólo Sofía podía ahuyentarlos momentáneamente, rescatarlos (por decirlo de alguna manera) de ellos mismos. Es decir, tranquilizarlos y demostrarles (totalmente insegura, claro, porque ella también es humana y sobre todo niña y estaba en una ronda como el resto) de que aquéllo era una sombra, su sombra más precisamente y que el resto era el resto, es decir, había un resto que sólo por existir le quitaba el poder a esa sombra.
Hasta que la sombra se metió con Sofía.

Y Sofía se dejó seducir hasta convertirse en una Martirio.





Mientras tanto, del otro lado (porque siempre existe un mientras tanto, del otro lado) él la admira mover su pie derecho, señal de que está inmiscuída  casi por completo en algún mundo increíble (propiedad de sus inconsciencias), probablemente dormida, desvergonzadamente desparramada en la cama, abrazada a su almohada como si fuese lo único que necesitase, con los párpados totalmente rendidos y entonces aún admirando, él no puede evitar preguntarse dónde estará Sofía en ese momento.






viernes, 16 de noviembre de 2012

lunes, 29 de octubre de 2012

Amas dejarme a s í

Es un dejavú pelotudo el de reencontrarse con el mismo fantasma una y otra vez.
Aburre.
Bueno.
Sí, ya sé.
Ya sé que te dije que me iba a quedar.



Pero.



No estoy segura de tener algún que otro rincón sangriento en algunas de tus manos donde dejarme caer.
Fue.
Debe ser por la lluvia.




Pero.







Aún así, mentí.
Es decir no. 
Olvidar decir algo es como una mentira de mentiras: si de algo no tengo dudas (y por consiguiente, esto es increíble) es que las promesas están para romperse.
Sí, dejavú. Después de todo te advertí que si te escribo palabras, ellas sí tendrán un lugar en mis manos y en nuestro papel, así como también su por qué (su delicioso por qué).



Mirar a mi gato pelearse con él contra un espejo. Waw. La realidad nos regala metáforas pedorras en cualquier esquina de la casa con lluvia.
Bueno.
Pero mi gato y yo lo sabemos mejor que nadie, nos miramos y lo sabemos: nunca podremos quedarnos en el tejado de la cabeza de nadie. La excepción no existe y es demasiado cursi para nosotros.






Bueno ché. Paremos un poco la pelota.
Disculpá.
Lo que pasa es que últimamente ando demasiado epidérmica.





Qué le vamos a hacer.





sábado, 15 de septiembre de 2012

Cuando yo era Martirio


Los silencios de Sofía me despiertan a la madrugada.



Me dolía mucho la cabeza cuando logré sentarme en la cama.
Hacía calor pero el agua en la cara se debía a la pesadilla.
Es realmente terrible soñar que cocinás un plato delicioso y que otros son los que lo disfrutan.
Demasiado terrible. Y soñarlo, además de terrible es insoportable.

Recordé que una vez había tenido ganas de escuchar una banda.
En la disquería encontré su nombre.
-Dame el mejor disco de esta banda.-le dije al tipo.
-Bueno nena, supongo que sabrás que ésa respuesta es algo relativa.
-No te preocupes. Es lo que estoy buscando.-mentí. Me encanta mentirle a los idiotas.





lunes, 3 de septiembre de 2012

Cuando yo era Sofía


A Martirio no la queremos.
Nos engañó.
Se mimetizó entre los pliegues de nuestro vestido cuando llorábamos en la ventana y nos enredó las piernas y las pestañas por pura inercia.
Nos enseñó a mentir y desacreditó palabras como discursos.
Es gris y vive en los charcos de agua. No, no es un sapo, no sabe nadar y ella también les teme.
Es la humedad que nos pudre la cabeza y la llena de grietas sin sentidos.
Es el miedo sin corpiños.
Es el diccionario de los muertos.
Es un ogro maloliente y no la queremos.
Es domingo y nada más. En cambio nosotras, vos, Sofía, no conocés los almanaques.
Tiene voz de radio legal, no como la nuestra que viene desde el fondo de la botella de vodka con cigarros y busca metáforas como encendedores.
Nos manipuló todo este tiempo pero ahora ya sabemos, sí, la reconocimos.
Nos invitó a jugar y nos ató a una silla con una soga demasiado real.
No sabemos adónde ir, pero a ella no la vamos a llevar.
Estamos demasiado dormidas, nos anestesió sin caja de Pandora y ya no creemos en ella.
Sabe atar nudos sin dedos y nosotras somos muy torpes con las manos, apenas sabemos mover los pies.
No se aferra a nada, sabe soltar pero no soltarse.
Nos da pena pero ahora estamos enojadas con ella.
No la podemos querer, no es como nosotras, no conoce el deseo. Es una adicta incompetente.
Entonces esperaremos a la luna Sofía, nuestra luna.
Siempre la noche será más cómoda para escapar.






Y volver,
con los cabellos como manos,
con las manos como  libertad.