Una magia extraña persigue últimamente a esta niña. Siempre que tiene un papel cualquiera en la mano y lo lee, alguien imparticular que bordea su existencia indiferentemente, pronuncia exactamente la palabra que está leyendo en ese momento. No, no miento. Le ocurrió con mercado, fuego, Juan, morir, lugar y amarilla. Ella no creía en las casualidades, hasta que sucedieron. Y no es cualquier error de la realidad, es creer y crear en una misma palabra, es un accidente destino-lingüístico, es la oveja negra sobreviviendo al incendio, es sentir el único perfume recordable en el Pasaje Enagüe, es tener un dejavú mientras se sueña, es ver finalmente la luna entre nosotros.
viernes, 12 de octubre de 2012
viernes, 21 de septiembre de 2012
Todos los humanos parecen normales de mañana. Ella no.
La calle que serpea.
Sus ojos que no miran.
Pasó la noche en vela, como siempre y no pudo recordar en que momento la lluvia desapareció y el sol volvió a poner las cartas sobre la mesa.
Le quemaba el encierro y la mañana era como una Rayuela exquisita para degustar caminando por donde sabía caminar.
Casi al pasar se topó con un barquito de papel, abandonado entre tanto pasto y tanta tierra y sus ojos anclaron involuntariamente en ese encuentro y su sensación: algo así como una incertidumbre violenta propia de la moral instintiva de una niña y sus improvistos.
Siguió caminando.
Se detuvo un momento.
Siguió caminando.
Cuando ya estaba cerca de su casa decidió volver al parque y devolver ese barquito de papel a cualquier charquito que encontrase y del cual seguramente se había perdido.
Sólo así ella podría devolverse a
Sus ojos que no miran.
Pasó la noche en vela, como siempre y no pudo recordar en que momento la lluvia desapareció y el sol volvió a poner las cartas sobre la mesa.
Le quemaba el encierro y la mañana era como una Rayuela exquisita para degustar caminando por donde sabía caminar.
Casi al pasar se topó con un barquito de papel, abandonado entre tanto pasto y tanta tierra y sus ojos anclaron involuntariamente en ese encuentro y su sensación: algo así como una incertidumbre violenta propia de la moral instintiva de una niña y sus improvistos.
Siguió caminando.
Se detuvo un momento.
Siguió caminando.
Cuando ya estaba cerca de su casa decidió volver al parque y devolver ese barquito de papel a cualquier charquito que encontrase y del cual seguramente se había perdido.
Sólo así ella podría devolverse a
la calle que serpea
a su charquito del noveno b
a sus libros de la mesita de luz
a su té con cigarro
a sus ojos que dicen que no miran.
sábado, 15 de septiembre de 2012
Cuando yo era Martirio
Los silencios de Sofía me despiertan a la madrugada.
Hacía calor pero el agua en la cara se debía a la pesadilla.
Es realmente terrible soñar que cocinás un plato delicioso y que otros son los que lo disfrutan.
Demasiado terrible. Y soñarlo, además de terrible es insoportable.
Recordé que una vez había tenido ganas de escuchar una banda.
En la disquería encontré su nombre.
-Dame el mejor disco de esta banda.-le dije al tipo.
-Bueno nena, supongo que sabrás que ésa respuesta es algo relativa.
-No te preocupes. Es lo que estoy buscando.-mentí. Me encanta mentirle a los idiotas.
lunes, 3 de septiembre de 2012
Cuando yo era Sofía
A Martirio no la queremos.
Nos engañó.
Se mimetizó entre los pliegues de nuestro vestido cuando llorábamos en la ventana y nos enredó las piernas y las pestañas por pura inercia.
Nos enseñó a mentir y desacreditó palabras como discursos.
Es gris y vive en los charcos de agua. No, no es un sapo, no sabe nadar y ella también les teme.
Es la humedad que nos pudre la cabeza y la llena de grietas sin sentidos.
Es el miedo sin corpiños.
Es el diccionario de los muertos.
Es un ogro maloliente y no la queremos.
Es domingo y nada más. En cambio nosotras, vos, Sofía, no conocés los almanaques.
Tiene voz de radio legal, no como la nuestra que viene desde el fondo de la botella de vodka con cigarros y busca metáforas como encendedores.
Nos manipuló todo este tiempo pero ahora ya sabemos, sí, la reconocimos.
Nos invitó a jugar y nos ató a una silla con una soga demasiado real.
No sabemos adónde ir, pero a ella no la vamos a llevar.
Estamos demasiado dormidas, nos anestesió sin caja de Pandora y ya no creemos en ella.
Sabe atar nudos sin dedos y nosotras somos muy torpes con las manos, apenas sabemos mover los pies.
No se aferra a nada, sabe soltar pero no soltarse.
Nos da pena pero ahora estamos enojadas con ella.
No la podemos querer, no es como nosotras, no conoce el deseo. Es una adicta incompetente.
Entonces esperaremos a la luna Sofía, nuestra luna.
Siempre la noche será más cómoda para escapar.
Y volver,
con los cabellos como manos,
con las manos como libertad.
con los cabellos como manos,
con las manos como libertad.
domingo, 26 de agosto de 2012
Pscicatriz
de una obsesión abierta.
Señor de las Escaleras:
Asumo que
Me gusta caerme en tus pupilas.
Perderte en mi memoria molesta.
Matarme en tu discurso.
Alejarte de vos cuando nadie nos ve
y siempre que la noche sea un mientras tanto borracho que promete olvidar.
miércoles, 22 de agosto de 2012
Cuando yo era Sofía
Se reencontraban por las madrugadas para gemir cualquier palabra y amarla el resto de la semana,
era algo así como la supervivencia lingüística,
un beso sin amor pero de bocas divinas,
una sobredosis de inmortalidad para reírse un poco de sí mismos y respirarse más vivos de lo habitual.
Señor de las Escaleras, no me asusta su lengua salvaje.
No desafíe a una niña como Sofía,
sus juegos son peligro, le encanta dejarse ganar,
su boca no es de confiar, nunca muerde porque sí,
sus lunares son maldición, tiene la piel llena de ojos.
Es peligrosa si sonríe cuando llueve y su inocencia no es misterio,
es crueldad.
martes, 14 de agosto de 2012
Sofía parada frente a algo
Hay personas que son encuentros.
Hay encuentros que son instantes.
Hay instantes que son sensaciones.
Mi mente suele ser la recopilación silenciosa de esto, como por ejemplo: ése ojo verde en mi cama, el odio desbordado en mis ojos o ésa vez en que vos parado frente a mí y yo frente a vos en un pasillo cualquiera y silencio.
Recuerdo que creí que si te decía algo arruinaría ese momento tan literatura.
¿Qué estarías pensando en ese momento? Y supongo que cuando volteé después de esos minutos donde la sangre latía detrás de esa blancura llena de miedos, seguimos y si de algo estoy segura es que te quedaste pensando lo mismo que yo ¿Qué estarías pensando en ese momento?
Hay encuentros que son instantes.
Hay instantes que son sensaciones.
Mi mente suele ser la recopilación silenciosa de esto, como por ejemplo: ése ojo verde en mi cama, el odio desbordado en mis ojos o ésa vez en que vos parado frente a mí y yo frente a vos en un pasillo cualquiera y silencio.
Recuerdo que creí que si te decía algo arruinaría ese momento tan literatura.
¿Qué estarías pensando en ese momento? Y supongo que cuando volteé después de esos minutos donde la sangre latía detrás de esa blancura llena de miedos, seguimos y si de algo estoy segura es que te quedaste pensando lo mismo que yo ¿Qué estarías pensando en ese momento?
Me
gusta. Por eso lo miro y estoy así. Parezco quieta. Parezco humana. Pero
adentro. En el estómago, por la garganta, en la esquinas de los ojos y hasta la
punta de los pies, siento el frenesí de ese algo que está ahí.
Y
yo acá.
Y
me gusta. Por eso lo miro.
Y
así tendría que ser la vida siempre. A veces es siempre así. Pero solamente a
veces es siempre. Porque después vienen las explicaciones a envenenar las
circunstancias, contaminándolas de razón. Y la razón es tan estúpida porque la
necesitamos.
Yo
no quiero necesitar. Yo no quiero tener razón.
Vivir
es estar parada frente a algo que me gusta, como este pasillo que es un encuentro que es un instante que es una sensación y
nada más y nada menos que la vida y yo en frente.
Yo
viva, sin ninguna razón.
Yo
viva.
Y
las explicaciones en el cajón.
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