la duda.
sábado, 12 de octubre de 2013
lunes, 7 de octubre de 2013
Orgasmo del desencuentro.
Nos enredamos (indeciblemente) en la lengua perversa del misterio irrevocable del encuentro.
Por eso, encuentro. Porque hay algo que no se deja encontrar. Algo así como la ambigüedad del lenguaje es lo que nos mantiene vivos y enredados, sobrevivientes encontrados.
Eso que no se deja encontrar, que no sabemos que es pero que se inscribe como regla general de la nocturnidad misma de cualquier sujeto que esté sujeto a cualquier miedo peligroso que nos defina como seres vivos, éso se traduce en lo que el barbudo llama velos.
Desde el cabello hasta la boca estoy velada.
De a poco intentarás (absurda e inútilmente) arrancarme el velo que esta atado a mi lengua.
Dejaré que lo hagas desde el sometimiento más siniestro que apresa a cualquier sobreviviente cegado (porque tus velos seguirán allí, intactos, porque yo, porque Sofía o Martirio, mujeres amantes de la ilusión). Entonces el velo del lenguaje viajará por mi esófago, rozará la campanilla y se liberará después de un lastimoso tironeo con mis dientes. Casi como un vómito, me arrancarás de mí.
Me desnudarás hasta dejarme en ese sinsentido que es Sofia.
Y no podré decirte nada, no podré pedirte que te detengas, no podré rogarte que no me asesines de esa manera. Porque Martirio y yo sabemos que es hermoso desnudar a Sofía.
Es placenteramente inevitable
asesinarla de esa manera.
domingo, 18 de agosto de 2013
Y que te quedes
como la garantía idealista
(o la terrible certeza)
de la realidad
material
de eso que a veces llamamos
la excepción.
domingo, 4 de agosto de 2013
viernes, 19 de julio de 2013
Si esa noche del veinte de julio
mientras corría por el callejón
borracha
llorando
herida
desprotegida de la mujer roja
es decir, del mundo entero
completamente humillada
desencantada
enojada y mentida
dolida
con todo eso que era la realidad
totalmente ajena a ella
con el sol pegando en la cara
completamente magullada porque esa era la verdad
ésa era la verdad
ésa era la verdad
entonces, si te hubieses cruzado en mi camino
querría que fueras vos quien te quedes conmigo
llorando
querría que fueras vos el que se quede en un cordón borracho conmigo
aunque hubieses actuado igual que él
y mentido igual que él
querría que fueras vos.
-Te creés todo lo que digo.-no es la primera vez que me dicen eso, lamentablemente.
-No me mientas porque soy una niña.
-Se les miente a los niños, todo el tiempo.
-Claro, entonces es por eso que somos esto.
-¿Qué cosa?
-Niños encerrados en cuerpos de grandes.
-Puede ser, niña, puede ser.
Yo dejaría a un costado
mi afán de mujer fuerte
te pediría un cigarrillo
te pediría un cigarrillo
y
Sí, definitivamente querría que fueras vos.
miércoles, 17 de julio de 2013
Cómo era
Cómo era eso que había estado pensando hasta recién.
Eh.
Tenía que ver con un cubo mágico y con el sacrificio, con la palabra sacrificio.
Y todo eso era y no era yo y eso era toda la cuestión, como la palabra vida, mi palabra vida.
Si volvemos a aquélla mancha del vestido, entonces el cubo mágico era Sofía y vos lo desarmaste. Lo transformaste en caos ilógico. Entonces después te fuiste y me dejaste con la palabra caos.
Esa noche, ese ritual, ese sacrificio, esa niña, esa sangre.
Ahora hay que volver a armar el cubo, volver a transformarlo en ese cubo simétricamente seguro, sin dudas ni manchas raras.
Pero parece imposible.
Porque ya no es juego.
Entonces se hace más imposible.
Y tiene sentido que ese instinto infantil quiera volver a dominar y que a veces de hecho, domine. Es decir, Sofía.
Pero también está la certeza de que Sofía se ha transformado ineludiblemente, se gusta, habrá que escribirlo así, qué sé yo. O Martirio.
Y que esa transformación nos puede regresar alguna vez a ese cubo certero y simétrico pero necesaria e inconscientemente será ese el momento previo al nuevo y devastador desarme, porque de lo contrario
morimos, digamos.
Jude no te pienso ahora porque te sigo amando. Entrás en mis pensamiento como un cuadradito más del cuadrado, como algo que pasó y quizás
hasta es verdad y te odio un poco por eso.
No sé si era esto exactamente.
Es decir no, nunca es exactamente.
Las palabras son independientes,
seductoras,
poderosas,
hasta brujas
y se escriben como quieren.
Y me hacen dudar
si era esto
u otra
u otra cosa lo que pensaba,
me han confundido
y ahora olvidé eso que antes estaba tan claro.
Entonces es cierto,
las palabras también me hacen olvidar.
Malditas y amadas sean ellas,
éstas,
aquéllas
y sobre todo
las tuyas.
domingo, 14 de julio de 2013
Martirio bajo las uñas.
Ese arañazo tan Jude.
Y de pronto somos eso que tanto odiamos alguna vez.
Y de pronto somos eso que tanto odiamos alguna vez.
No me mires así.
Así.
Aquí.
-Muchachita, cierra la boca.
Muchachita borracha.
Pequeña muchachita.
Deja que el sexo cante para nosotros.
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