miércoles, 25 de mayo de 2011

Oh. Esta no es Sofía. No, no.


..A veces me pregunto por qué me dan ganas de escribir o de fumar  o de apretarunaalmohadafuertecontraelestómago cuando estoy mal. Pero La Pregunta es la insolencia más hermosa y me pregunto entonces si realmente estoy capacitada como para sentirme tan viva hasta el punto de que el maldito ego sangre por un maldito ego sin sangre. Y claro, entonces me prendo otro cigarro y escribo que a veces me pregunto por qué..


de sar ma y san gra la ne ce si dad de que al guie nes pre gun ten 






-Ne ne^.
-Hey. ¿Qué hacés?
-¿Ahora? Fui a buscar una almohada porque estuve llorando más de dos horas como si me hubiesen arrancado la piel (arrancado la piel, sí, qué ironía, nuevamente) hasta que me ahogué con los mocos y tuve náuseas y (perdón por la asquerosidad del hecho, es que es verdad y los que aún, aunque casi sin quererlo porque duele porque duele, somos inocentes y casi que ni mentimos, excepto cuando decimos que no cuando queremos decir que sí o cuando negamos lo que vemos porque nos guste la calma de los cobardes caracoles chiquitos que son como favores que se piden a personas como JulianaSopa y que dejan baba, ah sí, también se me caía la baba cuando lloraba, sísí, qué asco y qué fea debe haber sido mi cara) entonces me fumé un cigarrillo tranquila con unos mates ajenos lo cual empeoró todo porque ya había estado tomando mates y tomar muchos mates me da ganas de vomitar o me pone débil como un trapo (como cuando Jude me ignora o en realidad no pero la que no es Sofía tiene cabeza y se la hace) entonces miré una película con un cuerpecito todo debilucho, de esas películas y esos cuerpecitos que son patéticos y que te hacen llorar más y entonces cuando terminó fui a buscar la almohada y me dieron ganas de hablar con vos (mientras escucho Nada Es Para Siempre De Fabiana Cantilo y Creo que del perro de Daniela Herrero, sí, ya sé, patético, patético otra vez y un poco másy de pedirte un abrazo . Hug Please, ¿no?


































































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Ojalá se pueda elegir llorar o no. Y ojalá esa conversación hubiese sido real. 

lunes, 9 de mayo de 2011

Cuando Yo era Sofía

Última del bello abril, primera del des - mayo.


La subjetividad hasta en el inodoro, yéndose con la cerveza y unos trocitos de pollo de hacía un par de horas. ¿Qué pasó? ¿Dónde fui que caí?
-Prendé la luz.
Yo también estoy en el inodoro. Encontré un par de risas con marlboro y un cuarto de noche. Está fría y desnuda, pero volvió a escribir con sus uñas rojas. No, no está muerta. 
-Hey, devolveme mi lugar.
Es tan insoportable no saber, son tan insoportables las explicaciones. 
Ahora estoy en la cocina, probablemente cortando la lechuga y un par de tomates rojos. Alguien allá que se ríe. No, felizmente no es Jude. No, tristemente es alguien allá. Casi como el de recién pero en realidad no: Los otros (tampoco míos). Pero al menos tienen la cortesía de parecerse, de estar del otro lado, de ser los otros. Hoy: los fantasmas flotadores. ¿Del otro lado de qué? Línea  entre pasado y el presente, entre las formas y la sustancia, entre lo verdadero y lo falso, entre los otros y Jude.
Contradicciones entre los dedos largos y el meñique chiquito.
-Dijiste yo no me río pero me río.
Incoherencia taciturna de los espejos al revés, de las memorias desmemoriadas que esconden recelosas lo más preciado como una ensalada junto con lo más vulgar como los semáforos.
-La vida, ché.
Los ecos - sistemas retumbando en esta cabeza sistematizada que quiere decir no, costumbres argentinas de decir no, cabeza boluda que sueña de vez en cuando, mezcla el vinagre y las lenguas, revuelve la ensalada y los abrazos del por favor con escaleras. A veces también duerme, sobretodo duerme.
-Tengo frío.
Los ojos de videotape y la boca recortada en pedacitos. Silencios de canciones que no se cantan y que se caen de las manos: vacío dudoso.
Las incertidumbres que no aseguran, los pedidos que no se piden. Es mejor cagarse de risa ¿Eh?
Claro, el eterno mientras tanto que duda de.
-Queseyó.



domingo, 1 de mayo de 2011

Cuando Yo era Sofía



Sofía explicando lo de la otra. 


Lo de la otra. Lo de la otra. De la otra. De esta y la otra y ella y todos y nadie y las cuestiones de la propiedad, tener o no. ¿Tener o no?


Sabía qué era, pero que no me interesaba en lo más mínimo, como si lo tuviera guardado en el fondo del bolso y de pronto, buscando OTRA COSA, encuentro esto.
¿Y ahora?
Explicación que no concuerda con la otra, con Sofía. Porque Sofía es eso que esta cabeza no sabe.
"Allí donde no pienso, soy" :Sofía, claro.-

viernes, 22 de abril de 2011

Cuando Yo era Sofía


Humanimales




-Después estoy todo el día pensando qué fue real y qué fue parte del sueño.-le dije y solté el humo.
-Lo que no entiendes es que todo fue real.


Y.


-No es el otro el que hace que amemos. Nosotros tenemos la capacidad de amar (siempre) no es el otro el que nos hace amar, sino que somos nosotros mismos los que tenemos esa capacidad
-Esa discapacidad, mejor dicho.

domingo, 17 de abril de 2011

Cuando Yo era Sofía

A rayas, frente a la hoja blanca.

Es irónico escribir sobre no poder escribir, pero últimamente encuentro a la ironía hasta en el ropero.
Le gustaba ver las cabezas caminando, iluminadas por los faroles de la calle que también son la luz de la noche.
Había visto a un hombre mirar su reloj. El tiempo como piernas de plastimasa que corren en círculos, que nos atontan para llegar.
Para llegar.
Cuánto hacía que no veía a un hombre mirar un reloj, pero un reloj de verdad, esos que hacen ese tic-tac casi inaudible. (Felizmente inaudible).
Dejó ir el humo mientras pensaba que tenía que lavar los platos y cuando volvió a mirar hacia la calle, el calvo había desaparecido (accidentalmente se acordó de aquél calvo, ese que una vez había estado escrito en una historia-anillo) y le había encantado que desapareciera tan rápido después de haber pispeado ese círculo, también anillo, también historia.

Y era eso. Apoyar el bolígrafo en la hoja rayada y no poder perderse como cuando caminaba con el cigarrillo o lavaba los platos. Era en esos momentos sin papel rayado ni biromes cuando escribía como quería escribir, cuando decía lo que quería decir. Y entonces corría a escupir las divagaciones pulmonares en la hoja. Pero la hoja es rayada, Julio. Quizás estaba funcionando y Sofía estaba siendo Sofía, y para eso se necesita protagonizar, para eso se necesita ser sin explicación, para eso no hacía falta escribir con be alta y en una hoja indispensablemente rayada, para eso se necesita ser la mismísima hoja.
Hoja papel. Hoja liviana. Hoja finita. Sofía rayada.

martes, 5 de abril de 2011

Cuando yo era Sofía

Sofía-Pasa-Tiempos


Quizás Jude se equivocaba al pensar que Sofía lo estaba queriendo como quiere una mujer de oficina, que era lo que ya tenía y conocía tristemente de memoria. Pero Sofía no lo había ido a buscar para cenar a la luz de las velas, sino para librarse de esos fuegos tan fríos y tan quietos que derriten el tiempo de la misma manera que los almanaques. No. Era otra cosa. Lo había ido a buscar (si es que se puede decir que lo había ido a buscar, por que en realidad) para ser esa Sofía que era cuando buscaba a su mascota planetaria al costado de un campo indiferente. 
Para ser e x p e r i m e n t o s del tiempo que sólo son leales a eso que se llama sentir. 
Para perder el equilibro ficticio del sube-y-baja. Sube-y-baja. 
Para burlarse del balance del balance y dejar el orden en el fondo de la valija.
Para aprender a ser Sofía. Creía que después de eso podría pegarle un mordisco salvaje al amor, también salvaje.
Para mirarse, ambos parados y nada más. Es decir, reconocerse. Y luego correr a encerrar el pasado o las realidades paralelas en el baño y reirse como locos, hasta llegar empujandose a la habitación y abolir la existencia presidencial de los futuros, para dejarlos lejos, que es como deben estar los futuros cuando se desviste el peligro que es vivir. Entonces después (siempre después de) convidarle un cigarrillo al ahora, que los mira satisfecho, también disfrutando.
Quizás Jude se equivocaba cuando pensaba que Sofía no estaba a la altura de ser un soldado del presente (o sin-tiempos-que-pasan). Para eso tendría que quitarse el saco empapado de las moralidades y también el corpiño.
Let it be en ese ataque y defensa que es el estar encerrados en un coche de vidrios empañados, buscando o inventando la libertad.
Y Sofía le daba la razón si era eso lo que él creía. Y entonces él se confundía y se la devolvía, con ganas de cambiar de canal, porque sabía que cuando el amante te da toda la razón que tiene en el fondo de sus bolsillos, es porque se la quiere sacar de encima, porque no la necesita o no la quiere necesitar. Y eso la convertía en amante, en ese animal raro y contradictorio, en esa lengua gigante que callaba y esperaba el ataque para demostrar que sí, que Jude tenía razón y que por eso se estaba equivocando.


domingo, 3 de abril de 2011

Humanimales .


Las horas no me caen bien, el sol tampoco.
La noche es engreída, yo no le creo nada.
¿Qué pasa con las esquinas que no son sinceras?
No sé si quiero volver, ya no me interesan las brújulas.
Basta del bien y del mal.
Esto del placer me cambió las retinas. Yo también las encontré en otras personas, y ahora también me encuentro persiguiéndolas, sin saber por qué. Por esto, ya no me interesa ver. ¿Será por esto que la palabra está enojada? ¿Qué espera ella de esta humana, cada vez más humana?
Odio esperar y los semáforos, aunque no tanto. Quiero contar una historia animal, repleta de ideales furtivos que se lleve cualquier viento, como la vida.


Pie de página:
-¿Y? ¿Qué sentís?
-Nada.
-Ah, perdón.
-No, está bien. Perdoname vos a mí.
-No te disculpes por decir la verdad.
-Quizás no es la verdad, quizás tendría que haberte dicho que sí, que siento algo. Y entonces, quizás lo hubiese sentido.
-Me bastaba con un no sé.
-Perdón.
-Aunque en realidad no, en realidad me basta con un nada. No me importan tus respuestas, yo sigo queriendo. Perdoname a mí por ser tan egoísta.
-No, no te perdono.-dijo ella.
-Yo tampoco.