miércoles, 28 de noviembre de 2012

Felinidad



El cuerpo empieza a desvanecer en una boca totalmente blanca.
Estoy desnuda.
Allá camino por el callejón mientras arriba, por las altas construcciones negras, él me sigue.
Lo escucho, pero sigo.
El humo se interna en mis pulmones, el agua en mis cabellos.
La lluvia es la clara anticipación a la sobredosis de esos tipos de placeres que nos pierden incluso mucho más de lo que creemos, hasta el punto de no estar seguros si la lluvia es la anticipación o la posterioridad al hecho, hasta temer, claro. Y entonces ahí me detengo en un semáforo.
Los semáforos, como siempre.
Pasa una luz a toda velocidad y se escucha algo parecido a un desgarro, algo que fue antes o después.
Él Allá arriba también se detuvo.
Quizás hasta la lluvia cesó por un instante y entonces estoy Acá, desnuda y el agua se desliza fríamente por mis pies. Comienza a subir.
Los ojos abiertos.
Después o antes, en ésa Habitación las ropas empiezan a caer, casi como en el Allá donde la lluvia resbala por los hombros y él me sigue, con los ojos fijos en mi pies. Quizás también en mi boca con lunar.
Se infiltra por cada centímetro de piel ese frenesí violento que es la seguridad que lo que sucede es totalmente real.
Nos miramos.
Se miran mientras Acá el agua ya llegó hasta mi omblligo, pero respiro.
Entonces la Habitación y por lo tanto esa mirada que desenvuelve sistemáticamente el ritual. Las pupilas llenas de noche que late, la piel llena de ojos que observan, las siluetas llena de sangre que embriaga, y una caricia tan felina como el terciopelo rozando los labios o el razo como agua en los pies.
Allá, el semáforo se puso en verde y respirando la última pitada apago el cigarrillo con mi bota izquierda.
Comienzo a correr.
Él también, corre como si fuera una línea que salta, enviste las edificaciones como si fueran las manos de aquélla Habitación que me toman de la cintura y el que me sigue desde los edificios entonces observa el momento preciso en que las uñas se clavan en la espalda de aquélla habitación y entonces lo supimos, nuestras manos como el galope de un caballo desenfrenado, es decir, libre.
En la habitación, el aire se enturbia hasta que los poros de la piel son obligados a la decapitación más peligrosa que es la expresión de la pasión, de cuerpos vivos como un río en una tormenta, y ésa tormenta vibra entonces desde la oscura línea de las lenguas ásperas hasta llegar a los cabellos totalmente desparramados en la cama.
Allá, la corrida le voló el sombrero y ella llegó con el pecho agitado al Río. Él también se detuvo, la miró con esos ojos de noche sobre los tejados de cualquier ciudad.
Antes o después, ella despertó en la cama sintiendo el temblor de la excepción y aún así encendió un cigarro y decidió irse, dejando al hombre de manos como caballos totalmente dormido, pero para siempre.
Allá, frente al Río de brisa nocturna y desesperada, casi como si supiera, ella se descalzó. El gato la miraba desde el asfalto de la calle, siempre desde el gris de la calle con lluvia.
Acá, Allá y en la Habitación sintió el choque de la piel de los pies con el agua y sus pulmones llenos de humo.
La ciudad con su lluvia sin tiempos ni espacios, con sus Acá, Allá y Habitación era entonces el lugar donde éstos dos suicidas se ahogaban deliberadamente en esa tormenta que es el ser humano cuando vive.

viernes, 16 de noviembre de 2012

lunes, 12 de noviembre de 2012

Humanimales



Los humanos prometen como si en el año entrante no festejaran su cumpleaños.

Perdón, quizás soy repetitiva.

Pero nadie puede negar que las promesas están para romperse. Lo que se promete necesita ser prometido porque existe una inseguridad irrevocable que tarde o temprano se va a hacer notar. Y Vicky, perdoname, pero esto de las promesas es un terrible fiasco.

Es extraño que un ser efímero y extraño hasta para sí mismo pronuncie palabras como siempre o nunca.



Prefiero el ahora del bar y sus arrebatos, tan dulces, mucho más reales aunque increíbles, pero reales.

El prometedor siente culpa porque algo anda mal y promete. El prometido siente sed de seguridad porque algo anda mal y demanda. Y lo peor es que la cursilería del hecho no les deja ver todo lo que hay detrás.






Yo por ejemplo, una vez tuve ocho años.

Y le prometí a mi muñeca que nunca me separaría de ella.




Y se lo prometí
 justamente después de haber llorado desconsoladamente
 porque le había arrancado la cabeza.





lunes, 29 de octubre de 2012

Amas dejarme a s í

Es un dejavú pelotudo el de reencontrarse con el mismo fantasma una y otra vez.
Aburre.
Bueno.
Sí, ya sé.
Ya sé que te dije que me iba a quedar.



Pero.



No estoy segura de tener algún que otro rincón sangriento en algunas de tus manos donde dejarme caer.
Fue.
Debe ser por la lluvia.




Pero.







Aún así, mentí.
Es decir no. 
Olvidar decir algo es como una mentira de mentiras: si de algo no tengo dudas (y por consiguiente, esto es increíble) es que las promesas están para romperse.
Sí, dejavú. Después de todo te advertí que si te escribo palabras, ellas sí tendrán un lugar en mis manos y en nuestro papel, así como también su por qué (su delicioso por qué).



Mirar a mi gato pelearse con él contra un espejo. Waw. La realidad nos regala metáforas pedorras en cualquier esquina de la casa con lluvia.
Bueno.
Pero mi gato y yo lo sabemos mejor que nadie, nos miramos y lo sabemos: nunca podremos quedarnos en el tejado de la cabeza de nadie. La excepción no existe y es demasiado cursi para nosotros.






Bueno ché. Paremos un poco la pelota.
Disculpá.
Lo que pasa es que últimamente ando demasiado epidérmica.





Qué le vamos a hacer.





lunes, 22 de octubre de 2012

Somos

 reyes inconfundibles del salvajismo de la piel y sus caprichos. 


Habrá que esperar para escuchar sus gritos y dejarse caer  en su felinidad absurda, 
y entonces sí, entonces nos perderemos entre las sábanas azules 
o ahogaremos los pies hasta sangrar y quizás tal vez, 
tal vez la palabra se deje ganar
para
quedarnos
completamente dormidos en ella.

Sólo así, nos veremos.
Solos.



Así.







Prometo no huir esta vez.

viernes, 12 de octubre de 2012

Humanimales



Estaba yo tratando de concentrarme sobre Juan o los tipos que miran fijo desde una tapa de una revista y que son unos idiotas cuando escuché algo.
Ni más ni menos que la puerta. Jugaba con su llave, la mordía con el cerrojo para llamar la atención. Se podía oír el ruido de ella moviéndose sigilosa, queriendo ser humana. Después comenzó a respirar profundamente, estilizada en la cortina que colgaba desde su borde superior.
Un rocanrol a lo lejos. Parece salirse de los zapatos. Los zapatos viejos. 
Quisiera volver 
pero estoy borracha. 

Cuando Yo era Sofía




Una magia extraña persigue últimamente a esta niña. Siempre que tiene un papel cualquiera en la mano y lo lee, alguien imparticular que bordea su existencia indiferentemente, pronuncia exactamente la palabra que está leyendo en ese momento. No, no miento. Le ocurrió con mercado, fuego, Juan, morir, lugar y amarilla. Ella no creía en las casualidades, hasta que sucedieron. Y no es cualquier error de la realidad, es creer y crear en una misma palabra, es un accidente destino-lingüístico, es la oveja negra sobreviviendo al incendio, es sentir el único perfume recordable en el Pasaje Enagüe, es tener un dejavú mientras se sueña, es ver finalmente la luna entre nosotros.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Todos los humanos parecen normales de mañana. Ella no.

La calle que serpea.
Sus ojos que no miran.

Pasó la noche en vela, como siempre y no pudo recordar en que momento la lluvia desapareció y el sol volvió a poner las cartas sobre la mesa.
Le quemaba el encierro y la mañana era como una Rayuela exquisita para degustar caminando por donde sabía caminar.
Casi al pasar se topó con un barquito de papel, abandonado entre tanto pasto y tanta tierra y sus ojos anclaron involuntariamente en ese encuentro y su sensación: algo así como una incertidumbre violenta propia de la moral instintiva de una niña y sus improvistos.
Siguió caminando.
Se detuvo un momento.
Siguió caminando.
Cuando ya estaba cerca de su casa decidió volver al parque y devolver ese barquito de papel a cualquier charquito que encontrase y del cual seguramente se había perdido.
Sólo así ella podría devolverse a
la calle que serpea
a su charquito del noveno b
a sus libros de la mesita de luz
a su té con cigarro




a sus ojos que dicen que no miran.













sábado, 15 de septiembre de 2012

Cuando yo era Martirio


Los silencios de Sofía me despiertan a la madrugada.



Me dolía mucho la cabeza cuando logré sentarme en la cama.
Hacía calor pero el agua en la cara se debía a la pesadilla.
Es realmente terrible soñar que cocinás un plato delicioso y que otros son los que lo disfrutan.
Demasiado terrible. Y soñarlo, además de terrible es insoportable.

Recordé que una vez había tenido ganas de escuchar una banda.
En la disquería encontré su nombre.
-Dame el mejor disco de esta banda.-le dije al tipo.
-Bueno nena, supongo que sabrás que ésa respuesta es algo relativa.
-No te preocupes. Es lo que estoy buscando.-mentí. Me encanta mentirle a los idiotas.





lunes, 3 de septiembre de 2012

Cuando yo era Sofía


A Martirio no la queremos.
Nos engañó.
Se mimetizó entre los pliegues de nuestro vestido cuando llorábamos en la ventana y nos enredó las piernas y las pestañas por pura inercia.
Nos enseñó a mentir y desacreditó palabras como discursos.
Es gris y vive en los charcos de agua. No, no es un sapo, no sabe nadar y ella también les teme.
Es la humedad que nos pudre la cabeza y la llena de grietas sin sentidos.
Es el miedo sin corpiños.
Es el diccionario de los muertos.
Es un ogro maloliente y no la queremos.
Es domingo y nada más. En cambio nosotras, vos, Sofía, no conocés los almanaques.
Tiene voz de radio legal, no como la nuestra que viene desde el fondo de la botella de vodka con cigarros y busca metáforas como encendedores.
Nos manipuló todo este tiempo pero ahora ya sabemos, sí, la reconocimos.
Nos invitó a jugar y nos ató a una silla con una soga demasiado real.
No sabemos adónde ir, pero a ella no la vamos a llevar.
Estamos demasiado dormidas, nos anestesió sin caja de Pandora y ya no creemos en ella.
Sabe atar nudos sin dedos y nosotras somos muy torpes con las manos, apenas sabemos mover los pies.
No se aferra a nada, sabe soltar pero no soltarse.
Nos da pena pero ahora estamos enojadas con ella.
No la podemos querer, no es como nosotras, no conoce el deseo. Es una adicta incompetente.
Entonces esperaremos a la luna Sofía, nuestra luna.
Siempre la noche será más cómoda para escapar.






Y volver,
con los cabellos como manos,
con las manos como  libertad.

domingo, 26 de agosto de 2012

Pscicatriz

de una obsesión abierta.













Señor de las Escaleras:

Asumo que 
Me gusta caerme en tus pupilas. 
Perderte en mi memoria molesta.
Matarme en tu discurso.
Alejarte de vos cuando nadie nos ve
y siempre que la noche sea un mientras tanto borracho que promete olvidar.



miércoles, 22 de agosto de 2012

Cuando yo era Sofía

Se reencontraban por las madrugadas para gemir cualquier palabra y amarla el resto de la semana, 
era algo así como la supervivencia lingüística, 
un beso sin amor pero de bocas divinas, 
una sobredosis de inmortalidad para reírse un poco de sí mismos y respirarse más vivos de lo habitual.

Señor de las Escaleras, no me asusta su lengua salvaje. 
No desafíe a una niña como Sofía,
sus juegos son peligro, le encanta dejarse ganar,
su boca no es de confiar, nunca muerde porque sí,
sus lunares son maldición, tiene la piel llena de ojos.
Es peligrosa si sonríe cuando llueve y su inocencia no es misterio, 
es crueldad.


martes, 14 de agosto de 2012

Sofía parada frente a algo

Hay personas que son encuentros.
Hay encuentros que son instantes.
Hay instantes que son sensaciones.
Mi mente suele ser la recopilación silenciosa de esto, como por ejemplo: ése ojo verde en mi cama, el odio desbordado en mis ojos o ésa vez en que vos parado frente a mí y yo frente a vos en un pasillo cualquiera y silencio.
Recuerdo que creí que si te decía algo arruinaría ese momento tan literatura.
¿Qué estarías pensando en ese momento? Y supongo que cuando volteé después de esos minutos donde la sangre latía detrás de esa blancura llena de miedos, seguimos y si de algo estoy segura es que te quedaste pensando lo mismo que yo ¿Qué estarías pensando en ese momento?


Me gusta. Por eso lo miro y estoy así. Parezco quieta. Parezco humana. Pero adentro. En el estómago, por la garganta, en la esquinas de los ojos y hasta la punta de los pies, siento el frenesí de ese algo que está ahí.
Y yo acá.
Y me gusta. Por eso lo miro.
Y así tendría que ser la vida siempre. A veces es siempre así. Pero solamente a veces es siempre. Porque después vienen las explicaciones a envenenar las circunstancias, contaminándolas de razón. Y la razón es tan estúpida porque la necesitamos.
Yo no quiero necesitar. Yo no quiero tener razón.
Vivir es estar parada frente a algo que me gusta, como este pasillo que es un encuentro que es un instante que es una sensación y nada más y nada menos que la vida y yo en frente.
Yo viva, sin ninguna razón.
Yo viva.
Y las explicaciones en el cajón.

lunes, 23 de julio de 2012

Volver a mí . #2

He conocido a domadores de palabras. Y me dan tanta pena.
Yo en cambio, soy esas que las deja ser entre los cabellos alborotados, ésa que se va con ellas para no volver.
Si no tenés palabras para mí, no me puedo quedar.
Me gusta estar con ellas, dormir con ellas, besarlas, comerlas, morderlas como a cualquier oreja masculina.
Es por eso que estoy acá y allá y ahí y también un poco más para acá.
En ellas, desde ellas, hacia ellas, fuera de ellas. 
Pero siempre ellas. 

Desencantada

No sé. Tengo las cosas claras. No decís, pero querés hacer.
Cuando nos acostamos en la cama sentí la extraña necesidad de contarte lo que había estado soñando desde la noche en que dejamos de sentirnos.
En el sueño de siempre vos venías a hablarme, yo te besaba, yo te decía que hagamos el amor, vos me decías que no porque no sabías y te levantabas y te ibas.
Pero no escuchás. No sabés escuchar. Cuando te contaba el sueño que tanto estuvo rondando por las noches de mi cabeza dormida, esperaba tu interpretación. Pensaste que yo te quería en la cama. Error, mi amor. Te equivocaste. En el sueño vos decías que no, porque en realidad no era la cama lo que podía darte ni lo lo que quería que me dieras. Era fácil. Si me hubieses abrazado. Si tan sólo y solo me hubieses abrazado, yo hubiese obtenido éso que era sentirnos. Pero no. Vos interpretaste lo que vos querías en la realidad despierta y lo que en mi sueño no necesitabas: la cama.

Y de pronto el pasado volvió a repetirse a secas, yo corriendo, huyendo del dolor, como fue y siempre será. No me preguntes por qué me quiero ir, es estúpido.

Me preguntaste por qué estaba ahí, con vos.
Te dije que quería sentirte.
Es decir, seguir alimentando ese placentero y peligroso encanto. Pero.


Me aturde esa sensación asquerosa de encontrar tanta imperfección en vos. E imperfección es la sutileza involuntaria para no decir mierda.
Ese motivo violento te arrebató de mi cabeza.
Yo hablaba de sentirte. Te excitaba mi discurso. Despertó lo peor de vos, esa bestia que encuentro en todos los hombres y es dolor. Era difícil intentar calmar esa necesidad de invasión, nada de mí te deseaba encima mío.
No sabía, es verdad, no estaba segura de por qué estaba adonde estaba.
Más tarde, en el preciso momento en que terminé de relatarte el repetido sueño: supe. Todo. Supe qué querías de mí. Supe qué quería de vos. Supe por qué estaba allí.
Ya era tarde para huír. Tus manos parecían salirse de las sábanas y me agarraban con fuerza, no me escuchaban, sólo querían.
Este motivo tan real, de piel y carne violenta que tanto estuve ansiando,  logró su objetivo.

De vos sólo queda mi desencanto.






viernes, 20 de julio de 2012

Se me terminaron los puchos.

Alta cagada.
Otra cagada es vernos en otros.
Oliver una vez, intentó obligarme a definir Sofía. Otra cagada.
Definir qué es Sofía en mí es imposible. "Definir Sofía" es una de las paradojas más deliciosa del universo.  Sólo puedo decir, contar estas cosas y encontrarla. Cedé y conformáte.

Esa tarde caminé por Maipú con la seguridad de la inseguridad de mis pies.
Fue extraño. Aún me parece extraño.
Viernes, cinco y media de la tarde.
No sé. Desde lejos alguien me decía que tenía que comprar zapatillas nuevas.
Zapatillas nuevas.
Hacía un mes (sí, un mes) que trataba de evitar tan significativo cambio.
La resistencia ahora en los pasos de huellas viejas, de huellas cómodas con esa nostalgia patética y fuerte.
Ya calle Córdoba.
La tensión comienza desde los cordones de las zapatillas viejas, las de siempre.
Sube.
De pronto gente. Mucha mucha gente. Más gente.
Y a continuación es algo confuso, algo como desesperación en el contorno de los ojos, frío mojado en las manos, el pecho agitado, la calle sin aire. Se me cruzaron personas por la cabeza. Hombres todos (o casi). Y entonces se me cruzó que quizás podrían cruzarse en mi camino y llevarme a algún lugar seguro.
Sólo uno de ellos apareció.
Miraba para arriba.
No me vio.

Los hombres en mi vida, hombres que espero para que me lleven a un lugar seguro: no me ven. Y entonces soy esa niña aburrida que se levanta e inventa sus propias palabras y juega. Marcas.





Caminé más rápido.
Crucé la calle sin mirar. Ya había visto demasiado.
Doblé en la primer esquina.
El nudo en la garganta se hacía cada vez más grande.
Sentía que todo eso que estaba pasando nunca iba a terminar.
Sólo después, casi llegando a la esquina de mi departamento que para nada es un lugar seguro para mí: comencé a desvanecer.
De pronto las zapatillas se volvieron viejas y la caminata hasta la puerta del edificio se hizo lenta, pausada, cansada como esos movimientos que se hacen después del orgasmo.
Llegué al departamento sola y prendí el cigarro.
No quería estar en ésa ciudad. Tampoco en ésta. No quería estar en ningún lugar.

Ésa noche tuve un sueño. Me pasaba algo parecido. Sentía que hombres me perseguían. Sólo uno aparecía saliendo de un negocio. Yo le pedía que me ayude. No lo conocía pero estaba segura de que no me haría daño. El hombre no me acompañó. Finalmente volví a mi casa en taxi.
Sola.

Me di cuenta que a Oliver le mentí otra vez. Le dije que no sabía estar sola, que no me gustaba la soledad. Es verdad, no me gusta. Pero siempre que las marcas de mi cabeza se enredan en mis zapatillas,  puedo mirar hacia todos lados y encontrar a quién pedir ayuda, y sin embargo: elijo desenredarme sola. Doblo en la esquina, me tomo un taxi, salgo corriendo de la casa de mi papá: sola. Esta es otra de mis marcas.
Parece la más triste, pero es la más bella y se llama Sofía.

lunes, 9 de julio de 2012

El Oráculo.

-Él tiene una nueva alma gemela.-dije.
Y al oráculo se le escapó el nombre y con el nombre no pudo evitar darse cuenta que acababa de revelarme lo que tu cobardía impedía. Y no lo digo simplemente porque dijo el nombre de ella, sino porque después me miró nervioso, con esos ojos claros que querían irse, escaparse de mi mirada inquisidora, de lo que había hecho.
Los oráculos dicen la verdad pero saben. Siempre saben más de lo que dicen. Por eso me puse a llorar.
Y me acordé.








Ese jueves, antes de irte traté de incitarte a que no permitas que el futuro se nos caiga en la cabeza. Sí, sí teníamos cabeza y quizás por eso --

Pero después, cuando tu cuerpo se impuso sobre el mío,


desnudo


y tratando de penetrarme:


sentí asco.


Quizás por eso trataba de alejarte,


te empujaba malhumorada,


desesperada también,


no quería tocarte


ni que me toques,


no quería que llegues a mí

de esa manera
ni de ninguna otra,


no quería que entres en mí,

no quería sentir ese cuerpo arriba mío,

casi obligándome a que pasara.







Entonces te levantaste y te fuiste.








De  ésto me acordé cuando el oráculo hizo su  trabajo,
el que yo esperaba que hiciera.
Y entonces lo supe.
Supe por qué no dejé que entres en mí,
supe por qué sentí asco 
cuando tratabas de hacerme el amor.
Por que claro.


El cuerpo también sabe más de lo que dice.






domingo, 8 de julio de 2012

Dualidad .

Contradicciones, entre otras.
Martes, cappuccino, diarios, mandalas, libros con tierra, mujeres rengas, ojo izquierdo hinchado,  las dos y media de la madrugada.
Nada de lo que dices corresponde a la realidad real, esa donde se siente, donde la piel parece de gallina o el frío es algo más que una tos de invierno.
Nada de lo que dices corresponde.
Asesino a medias.
Hay duelo cuando alguien muere.
Dicen que hay que llorar, que envolverse la nariz en el pañuelo y hacer ruido de vivos sufriendo. 
De vez en cuando también dejar escapar un suspiro como de zombie. 
Se inventan ojeras y el plato en la mesa está lleno.
La mirada sin mirar y el estómago invisible.
Dicen que la cosa está mal, que el insomnio, que el patetismo.


Me acuerdo cuando era niña en un cuerpo de niña y:

-Es difícil estar en mi zapatos.
-Sí. Pero siempre hay zapatos peores.

Y esa no-niña tenía razón, no quisiera ser la mujer del sueño, la del baño de al lado, esa con la piel y su necesidad masoquista o la otra, la que sale del auto, también ensangrentada sintiendo eso que ambas soñadas conocen y no soportan: la culpa.
Y quizás por eso, la sangre como vidrio, el grito como cuchillo, el accidente como los humanos, los humanos como el abrazo, el abrazo como la tragedia.






lunes, 2 de julio de 2012

Blanca por dentro.

Amarilla por fuera.
Si quieres que te lo diga...

Esperaba que me saludes, que te despidas.
Ya ves, después de todo, mejor dicho, después de nada, de ya nada:
Yo te sigo esperando como aquélla madrugada.
Espera.


Y sé que no lo sabés. No sos bueno para las adivinanzas. Mejor dicho, no te importa adivinarme. 
Ya no te importa.









                                                              Y decís que esta canción te dejó la cabeza hecha un trapo de piso.
       ¿Por qué, Oliver? ¿Por qué sentís a tu cabeza como un trapo de piso, después de haberla escuchado?
                                                                                         
                         
                                                            El dolor también es belleza.

Rupturas.

Juguemos entonces, me gusta jugar. Juguemos a recordar lo que no importa, a seleccionar detalles y contar cualquier historia que nos haga historia, que nos haga otros en cualquier otro lado y eso será algo parecido a la libertad.
Podríamos adormecernos en algún viento peligroso, vibrar en cada pasión que nos hace ser lo que somos, imprimir la inocencia en otras pieles, hasta podríamos hacer el amor, entre otras.

Pero no.

No me perseguís por toda la casa ni me atás las manos y me abrís las piernas obligándome a lo que quieras, y yo también. No me obligás a gemir sin piedad o transpirar por el desconcierto y el placer puro.
No. Preferís emborracharte lejos mientras te espero en la cama que es un carrusel. Y toso y vomito y los nervios. Vos borracho y lejos. Siempre lejos. Yo en la cama mirando el reloj. A veces me abstraigo y entonces pienso en las posibilidades, es una práctica cotidiana, no te preocupes. Y cuando me doy cuenta ya pasó media hora. Me hago un té, acerco la boca al inodoro por las dudas, me agarro el estómago. Dijiste que llegabas a las tres y media. Te esperaba a las cuatro. A las cinco de la madrugada te dije que ya no te esperaba y que me iba a dormir. Perdoname. Te mentí. Me acosté y apagué la luz. No me fui a dormir. Me fui a esperarte pero con la seguridad de que no ibas a venir. Me fui a la cama a cerrar los ojos y esperar un acto de amor. Yo esperaba un acto de amor.
Sentí una pisada fuerte, como de hombre malo, sí, así de estúpido fue. Apreté la cabeza contra la almohada y traté de pensar en otra cosa, de seguir mambéandome con vos, me hacía sentir fuerte. Pero el corazón no se detenía. Pensé que podría llegar a ser el viento pero no me la creía. A veces cuesta engañarnos. Quise llamarte llorando diciéndote que tenía miedo de un hombre malo que no existía más que en el oído derecho que es el más sordo que tengo. Finalmente el orgullo pisó el freno. Casi al instante sonó el despertador. Eran las doce del mediodía. No recuerdo haber soñado ni haber cerrado los ojos.
El tiempo, el chiste de los dioses.


Musa. Te siento. Me gustas. Muero de ganas.




Dos cosas importantes pasaron esta semana. La primera: soñé repetidas veces con zombies. Sí. Sofía miraba desde arriba. Zombies. La cuestión tan prometeística. Cosa ni viva ni muerta y totalmente estúpida. Obviamente, las esperanzas ciegas se me perdieron o se cayeron por ahí como el vasito. Sueños como espejos. La puta madre.
La segunda cosa es una deliciosa metáfora: alguien divertido como un niño nos propuso un juego. Pero los juegos de los niños son peligrosos y a veces no son juegos. En fin. Después de una parálisis involuntaria, sobre la parte superior de mi mano me colocaron mi vida. Mi vida era un vaso. El vaso que era mi vida, era naranja. Naranja. Odio ese color, al igual que el amarillo. Fue una paradoja exquisita. La cosa era que había que arriesgarse a partir de distintas músicas totalmente placenteras. Desalienar el cuerpo hasta sentir. Trasladarse, moverse, bailar, ser. Y cada vez animarse a más. Lo único que había que hacer era mantener nuestra vida sobre la mano. Cuidarla porque claro, era mi vida. Y cuando supe que ese vaso naranja que tenía en la mano era MI vida, cuando realmente lo hice propio: tuve miedo, quizás del vaso, quizás de mi mano. Tambaleé. Y el vaso cayó al piso, abollándose.
No me sorprendí.
El final del juego trataba de elegir una ubicación, un hogar, un lugar adonde iba a ir a parar ese vasito. Alguien dejó su vaso en el medio del escenario, otro alguien sobre una escalera, otro alguien al costado de una botella de agua.
Mi vida naranja se quedó en un hueco de una pared de madera que el tiempo, la humedad y probablemente la patada de algún bruto o la boca de alguna rata hambrienta le daban una fachada cubierta de restos de aserrín y zócalos rotos. Allí es donde se quedó mi vida naranja.





Temor.


Me cuesta escribir de vos en pasado. Vos estABAS. Vos me amABAS. Vos me deseABAS.
Duele.


No puedo dormir.
Ya no hay nadie que me proteja de la Mujer Roja.

Nada es para siempre. Y ahora llueve.

Oliver.
Sabía perfectamente que no era el amor de mi vida. Siempre lo supe.
Pero se sentía.
Se sentía algo. Y últimamente los sueños me dicen que soy un zombie. Por eso eras mi mejor refugio, me provocabas desalienación: sentimiento. Era lo único que necesitaba. Ya ves, egoístas.
Y ¿Ahora que hago con todo lo que me dijiste?
¿Cómo me acostumbraré a ser yo quien me salve?







Supongo que  te lo voy  agradecer.
Pero hoy. Hoy es hoy dijo un viejo amor.
Siempre es hoy, le decía yo.
Y hoy, hoy el barco se hunde. Y ni siquieras tengo ganas de preocuparme.
Nostalgia de mierda que me hace recordar que: yo siempre decía que quería ser un pez.
Me retracto. Sí. Y no esperaba lo mismo de vos. Pero sí esperaba. Como todos saben, es lo que mejor sé hacer. Pero los peces no esperan y lo humanos, los humanos dicen y hacen. Y dicen que olvidan. Y olvidan decir cómo lo hacen. Pero olvidan. Los humanos olvidan.





sábado, 23 de junio de 2012

No sabía que yo había escrito esta poesía

pero me viene como anillo al dedo.

Significado.
Juntos. Separados. Somos siempre.
¿Esperamos el fin?
¿El principio?
Realidad.
Ojos cerrados.
Ojos cercados.
Ojos iluminados.
Ojos tristes, pero iluminados.
                                                                    
                                                   Estoy.
                                                             Estás.
                                                                       Estamos.
Ciegos los dos,
vemos luz,
pero sólo vemos luz.
Somos y estamos.
                                                              Elijamos elegir.



Bueno. Resulta que ahora escribo poesía. Sí, sí. Tenés razón Sofía. Reíte de mí y vomitá en el inodoro. Poesí, es una poesía. Poesí, es una cagada.-
Sólo me gusta porque lo primero que sentí cuando la leí fue una escalera y los ojos cercados.


Se memezcla ronlostan tos.


Se pegotearon, se agolparon en una sensación inmoral y juguetearon un rato hasta confundirse y llorar.
Se mordisquearon como perros, se pelearon por un momento, para después rejuntarse e intercambiarse hasta perderme en un color.
El blanco y el negro, como siempre, se pelean a la fuerza de la verborragia exigente de los idealistas, se pegan manotazos frenéticos y los idealistas apuestan, como siempre, a todo o nada. Entonces aparece, como siempre otra vez,  éste que ahora se derrite como una vela caliente en mi cabeza, o en otra, que es lo mismo y es el mismísimo GRIS. Porque entre el blanco y el negro hay algo que los idealistas ansiosos ignoran y que es este color, el color del no sé.
Lo indefinido gana terreno y nos gusta, aunque le demos pelea. La mismísima histeria gris solapada en un sutil juego de cortesía.
Los tantos somos vos y yo. Y cuánto somos. Ahora la parte más traviesa de mi cabecita se esconde atrás de tu espala y me saluda. Y yo me río y quiero que se quede ahí, pero la traigo de vuelta y me pongo un sombrero para que no se escape.
Pero una parte de tu cabecita la viene a buscar y los he escuchado en silencio, para que no se den cuenta que me estaba dando cuenta, mientras oía que tu partecita le decía a la mía: No te sueltes de mi mano, si despeinamos el mundo no seremos vistos.
Entonces el mundo somos vos y yo y nos despeinaron hasta ser unos tantos que se confunden, y ahora qué.
Ya no veo lo que veo. He rozado con estos ojos lo que no es, o quizás. Y ese quizás es la duda de casi siempre, que me pierde, me funde en lo indeterminado, en el misterio que todos buscamos para poder seguir.
Ahora estoy en peligro, tu partecita se llevó la mía, o al revés, gris.
Eso o esto que no sé somos vos y yo. Y por primera vez, dejamos de morir para ir a buscar eso que llamamos vida que entre estos tantos que se me mezclaron y que somos vos y yo, se perdió, o  se encontró. Vaya uno a saber. A saber. No. Vaya uno a sentir. A sentir. No. Vaya uno a ser.
Ser.
Ser tantos que se mezclan.
Ser tantos.
Ser.
Tantos que somos.












P/d: esto no es una publicidad de yogures.

domingo, 17 de junio de 2012

Me gusta estar cayendo .

Sigo esperando el impacto.

Consejo de Nadie.

-Explíquese. Luego Mátese.
-No.
-Explíquese.
-Bueno. Es como que ya no tengo ganas. Digamos que se me perdió el deseo.
-Mátese.
-Es decir, hay cosas que me hacen levantar de la cama a veces. Pero siento que no es suficiente. Es decir, sé que-hay-algo más que eso y que ahora no hay. No sé. Si no supiera esto sería feliz.
-Mátese, infeliz.



viernes, 8 de junio de 2012

Acefalía Celosa

Conviérte en mi musa, serás el mejor secreto.
Promételo aunque seamos conscientes de que las promesas están para romperse. Sonríe y entrelaza tus dedos con los míos, será el pacto más seductor y peligroso con la que esta niña pueda jugar y morder y lamer y ganar y volver y jugar.
Es una orden.
Y guillotina.

lunes, 21 de mayo de 2012

Cuando Yo era Sofía

Se podría decir tantas pero tantas cosas de esto último como un domingo que me quedaría la cabeza pendiendo del hilito travieso que se liberó malévolamente de una campera ajena. Pero. Me conformo con destacar que: odio la palabra d e p e n d i e n t e. No es mala, no es buena, pero tiene agujas en las manos y duele mucho cuando pincha.
Sí Sofía, sacale la lengua y rasguñale la espalda . Que sufra, yo te invito a ser mi aguja.

lunes, 14 de mayo de 2012

Cosas que escuché un viernes

Cosas como "Rechazar lo que se ama" como un Monstruo, Escuchar a "Narciso" y trasladarse a un Febrero, escuchar "Miembro fantasma" y lamentarse desde una Abuela, Sentir que somos seres propietarios de una "Visión ciega" y así reconocerse como Palabróloga, ver "Algo antropomorfo" cuando Sofía se mira al espejo, y saber que a veces sin querer tenemos en la heladera o entre los pies "Repollos traídos de parís" de nombre Rocamadour , o escuchar a algunos decir "Te amo" y a Sofía oír Temerosa Árbol. Cuestión de que en cada una de estas cosas aparecen otras cosas como un Monstruo, un Febrero, una Abuela, una Palabróloga, Una Sofía, un Rocamadour, Temerosa Arbol.

o también:


-¿Por qué escribís?
-Porque vivo.

o también:

-Entonces lo irracional no termina de ser verdadero porque se plantea desde la razón.
-Dime cómo es posible plantear la irracionalidad si no es desde la razón.
-...
-Jaque.


es decir, algo así como: "La metáfora existe porque algo no existe".



Bueno. Lo que me pasa no tiene nombre, ése es su nombre y es lo más parecido a lo inmortal, a la metáfora, a las palabras de los viernes, a los viernes 3:00 a.m.



o también:


Perderse es una sensación que se repite. A medida que esto va sucediendo amerita que antes por lo menos-
Amerita un antes por lo menos. Y entonces creo reconocer que antes "no usé correctamente aquélla palabra" (asco de fragmento de oración).
Ahora, entre escaleras y el misterio y una explicación está Sofía despeinada.
¿Que carajo se podría decir que es estar perdida?
adj. Que no tiene dueño conocido o destino determinado.



Que no tiene dueño o destino determinado.

El diccionario es como la cereza del postre. Y no debería existir. Claro, una metáfora, éso es el diccionario. Ché, a mí no me gustan las cerezas.

Quizás también:

"Porque cada palabra es eso y algo más, es decir, lo que conlleva eso y todo lo demás. A todo lo demás lo dejamos afuera de la habitación ehh porque claro, hay palabras que son una metáfora."

Y no nos olvidemos de:

"El mejor elogio lo recibí de alguien que al terminar de leerme me dijo: No entendí."

Porque:

"Flor de hombre, jardín de música." Nada más cursi y cierto que lo anterior.






martes, 3 de abril de 2012

Como Para no caer del pasamanos # 2

Entonces deberás a acostumbraste a mi reservas de pensamientos de cigarros, al miedo tímido de mis vocales al pronunciarte Temerosa Árbol, a la fascinación de estar ahí con eso preciado. (No. No lo voy a compartir.) Al enamoramiento total por la naturaleza humana que es placenteramente imperfecta, a lo salvaje que es querer con silencios, a la admiración secreta por tus ojos y todo lo que ellos ven y no ven, también por tus manos que hacen y hacen tanto. A la  inmersión ineludible en esa cualquier cosa que quieras crear. A obligarte a responderme esas preguntas que te hacen quedar en evidencia y que yo no quiero responderte. A mis celos callados o a mi recurso de la enumeración. A mi perseverancia sofista en seducirte con lo único que tengo que es esta lengua. Y a endulzarme con esa adicción a escucharme tratando de convencerte, es decir, vos en la ventana admirándome defender cualquier cosa que se me haya escapado de la boca para atraerte y en la que te detuviste intencionalmente. Y entonces convencerte, ambos satisfechos, también de chocolates. A mis uñas de mujer amante del caos y mi afición por el té y lo complicado. A mis caras enojadas cuando el timbre, una bocina o una pulsera violeta y amarilla nos interrumpen. A eso que se siente cuando me mirás mientras me visto o me reinventás en los sinfines de tus artes. A mi carácter de mierda  que todavía no conocés (hey, no te asustes, acostumbrate). A mi afán de niña caprichosamente inocente. A mi repuganancia hacia la acción de especificar lo que me pasa, es decir, a no explicar para sentirme más humana porque Julio. A mi cabeza con dudas y peros y las consecuencias de esto mismo afectándote. A mis andanzas por los aleros de la mente. A mi amor desmedido por la palabra. A mi inseguridad en cuanto a tus tantos pasados y yo sin nada más que vos.

Nada más que vos que sos también todo esto (y más) como una naranja.


Y todavía, no está para mí el azul en el cielo de tu ventana alta. Y estoy segura que aparecerá en las noches de invierno, cuando los postigos de la ventana estén cerradas, porque hará frío para mirar el cielo. Entonces no habrá ventana con cielo azul para Sofía. No es un pensamiento que me trae a maltraer, es simplemente un algo que sucede en el tiempo del vos y yo y que forma parte de la recopilación privada de esos detalles nuestros que me gusta escribir para simplemente no caer del pasamanos.

martes, 20 de marzo de 2012

Oliver .





Y entonces me encontré. Me encontré entre los charcos de la calle y un paraguas verde extrañando aquél cuerpo mojado que había hecho honores a la noche y su tormenta.
Desde la ventana alta, una flor blanca y mojada para otra flor blanca y mojada.

Oliver. Tu nombre entonces es Oliver.
Bienvenido a mis palabras.

Quien realiza la acción de llover en este caso es el piano en tus manos y vos te mojás de notas y te vas por un instante, ese mismo instante que le bastó al cielo para caerse, ese mismo instante que le bastó a mi boca para un cigarro.
Y afuera los truenos son mi voz que te piden que no te detengas y me protejas de la mujer roja.

Quien realiza la acción de llover entonces, es mi lengua y tu cama. 


jueves, 8 de marzo de 2012

Cuando Yo era Sofía

Bienvenida Sofía.
Bienvenida al presente funky -
Puedo ser lo que quieras, pero sólo de a ratos.
No compres lo fácil, no compres lo predecible, termina por aburrirme.
Compartamos este cigarro y llenémonos de lo que queramos.
No somos libres, pero podemos reinventarnos y sabemos olvidar.

sábado, 18 de febrero de 2012

¿Cómo hacés para volver a ser feliz tan rápidamente?






Y mientras yo estoy en el mientras tanto de una calle de un pueblo donde se escucha el ruido del viento con el silencio y los trenes de las lluvias dudosas, saltando nuevamente la Rayuela para responderle a los espejos que preguntan y cigarros, vos estás más allá con tu nueva felicidad-amante-cómplice-involuntaria.
Gracias.
Me gustan las historias que iventás. No las creo. Siempre espero tu final feliz y el golpe de la fatalidad de cerrar las puertas para que no entre la tormenta en la casa y en los ojos.
Si llegás a donde no querés pero que decís, entonces yo voy a ponerme nuevos zapatos y dejar de tener los ojos en la nuca. 
O a lo mejor lo haga de todas formas.
O a lo mejor no.
Pero me gusta pensar que puede suceder.
Me gusta pensar que las cosas pueden cambiar.
Es ése el intenso placer de esperar la fatalidad.
El morbo de lo que significa estar vivo-
Seres hechos de carne y tragedia, de colores y vicios, de cama y palabras. 
Y dudas.
Otra vez esa bestia sigilosa que aparece en el momento menos indicado o quizás (como ahora) para decapitarnos dulcemente.

Es extraño, pero a veces deseo.

sábado, 4 de febrero de 2012

Fue

delicioso reptar  alguna vez por la grieta de tu armadura y temblar en una sensación.
Fue
excitante  reconocerte en ese espejo.
Fue
también algo triste que trates de impedir la pérdida de lo que nos hace no poder ser.




Es extraño pensar que no volveré a oxidar tu piel.
Creo que te gustaba tanto ese tipo de instantes que te cuesta soportarlo.




Y es decepcionante que a veces yo misma le haya temido a aquellos momentos.





Fue

 hermoso darnos cuenta de que somos humanos. 



miércoles, 1 de febrero de 2012

c a o s

Sofía que se ríe y me invita.
En los aleros de la mente. Oh.
Tu abrazo escrito.
La cama de La Maga.
Entre otras, hoy son eso que me hacen estar sentada acá con los dedos en el teclado. Aún esquivando eso que se llama tregua con el resto. Pelea infinita con lo que se encuentra afuera de la habitación, lo que se llama todo lo demás y que hoy es el origen de Mis


ganas de correr el riesgo de autodestruirme y sobrevivir.
Y se puede separar también. Desglosar la vida y entonces aún así sigue teniendo vigencia.
Ganas. Sí, tengo ganas como nunca.
Correr. Porque dicen que tengo una facilidad para huir cuando en realidad simplemente se trata de que no me gusta que me vean débil.
Riesgo. Cualquier riesgo, cuanto más peligroso, mejor.
Autodestruirme. Cosas que a veces son tan románticas.


Y después está la parte de sobrevivir, que es la más difícil y la menos real.

viernes, 27 de enero de 2012

Y vino el resbalón -

Sobrevivir

Sentir cómo el mundo te estalla en las manos y te deja inmóvil, sin nada, sola.
Sentir que soy la única que puede salvarme y justamente por eso darme por muerta.
Sentir que se pierde y que el orgullo está caro para mantenerse aún en la posición del acertado.
Sentir que se aprende el significado de llanto, tiempo y ausencia.
Sentir que el mundo se desmorona porque la realidad es real.
Sentir miedo a mí misma.
Sentir que no se siente nada y saber que esa frase pelotuda no es solamente una frase pelotuda.
Sentir rencor y tristeza por eso mismo.
Sentir que no hay lugares para idealistas en el mundo-sistema y no saber qué hacer con eso.
Sentir que estoy viva y desorientada, que no veo por donde camino y desesperar.
Sentir que me tiembla el cuerpo de tanta mierda.
Sentir que se necesita cuando se desea o viceversa.
Sentir que debería haber sido una estrella de otra galaxia, un conejo sin galera o una humana sin temores.
Sentir que las consecuencias de ser una orgullosa inadaptada son demasiado duras como para no dudar.
Y sentir que me duele dudar.
Sentir que no basta con enumerar lo que se siente.
sentir sentir sentir sentir sentir escribir.

lunes, 23 de enero de 2012

Yo, una vez.



Y poco después, ella le dijo que él la hacía feliz (no explicó de qué manera) y él dio por ganado y terminado el juego.
Y ella sufrió mucho porque le gustaba que él gane el juego pero no quería terminarlo.
O quizás.
Y es mejor no entrar en detalles.
Meses después él volvía a buscarla alguna que otra noche pero era para hablar y si hacían el amor no se sentía lo mismo que al principio, donde se entregaban mutuamente y quedaba en evidencia lo que sentían.
Entonces un día ella se embriagó y lo echó de su vida porque se sentía enamorada, lastimada, no correspondida, rencorosa, engañada, celosa.

Él, hasta entonces, dejó que me fuera y una mujer me dijo una vez que me recordó una noche en una esquina mientras se emborrachaban. Pero no recordó todo esto que predeciblemente recuerdo yo, sino la forma en que lo echaba de mi vida.


jueves, 19 de enero de 2012

Una niña en frasco de mujer.-

Que quede claro que no le hablo a usted, que no es nadie para mí, es decir, que aún no alcanza (y no alcanzará, a menos que) el peso que requiere para aparecer aquí. Y eso significa mucho, créame. (Y espero que no se malinterprete ese créame cono Creame, haceme, inventame). Esto es puro él y algunos pocos perdidos. Ustedes no están. Pero me da que pensar esta ironía del destino que últimamente me boludea en la cara. Digo, la cuestión de desencontrar/encontrar lo que buscaba algún tiempo atrás y que ya no me interesa. (Sólo quiero buenas noches sin dormir)  Le hablo a la extraña figura de usted que se repite en otras caras y que ya me está dando miedo. Quiero explicarles a esas sombras que no soy perfecta, que no quiero serlo, que me fastidia que me imaginen así y que nunca voy a sentir lo que se llama amor por ustedes. No estoy siendo cruel, estoy siendo ese yo que nunca escuchan. No sé si negadores, enamoradizos, sordos, asexuados. Ya ni sé. No me interesa. Y eso es triste porque me aburro y me voy.


Y me voy.

-Me gustaba la inocencia en tus ojos al decir que simplemente te estabas quedando desnuda involuntariamente. Yo me mordía por dentro. Yo me moría por dentro.-(hubiese preferido que me mates por fuera, creo que esa era la idea. No lo hice a propósito, aunque quizás.)- O la forma en que cebás los mates, tus rostros, tu terquedad. Yo me muerdo por dentro.-dijo él.
-Y ¿Qué ves de malo en mí?
-...No sé...No se me ocurre. Malo. La palabra malo no entra en ninguna de tus acciones.

No me idealices. No es bueno el sexo entre las ideas. Cuesta más a veces o no existe. Me lo confesó un hombre y otro hombre en una mujer.

Y si nada ves de malo en mí, entonces no estoy siendo auténtica. Lo malo es que no me veas en realidad.

miércoles, 4 de enero de 2012

Amo a Jueves aunque me hace mal.

No sé si es por contagio o qué pero ando desmotivada. Quizás es algo común en este tipo de cosas.

Ya está.
Pasaste el límite.
Llegaste a donde sabíamos que ibas a llegar.
Ya no quiero nada.

nada nada nada na da n a d a.
 ni de vos ni de nadie ni de nada.

No me siento débil ni sola ni triste. Quizás vacía.
Sin ganas, eso seguro.



Bueno ahora sí triste.


[casi] Todo chau implica un triste. Es así y yo no lo puedo cambiar.

me gustaría repetir el chau.
hay tantas cosas para decir aunque no sirvan de nada, aunque tu respuesta-víctima-pelotuda no sirva ni modifique. hay cosas que aún quedaron adentro y me gustaría decirlas.
yo no sé si te sigo queriendo.
sé que no quiero quererte ni usar mayúsculas.
lo cómico es que aún así seguís decepcionandome. La verdad que no sé como hacés, conozco todos tus trucos y aún así me das que pensar.
antes no quería llorar frente a quienes tienen la verdad. pero ahora que estoy sola y asumo lo que dijeron me siento lastimada.
si me preguntás qué es lo que me pone triste respondo pensar que todo lo que hicimos/dijimos era mentira. que jamás existió. que fue un juego. y cómo te gustó jugar.
yo ya no puedo. se me fue de las manos, por así decirlo y ya no puedo ni quiero ni nada. la realidad me angustia tanto tanto. no sé si alguna vez sentiste esto que siento yo ahora. pero es tan horrible. creo que si alguna vez me admitís que siempre me mentiste para ----- y que cuando me decías te quiero era mentira pero te gustaba que yo te diga la verdad entonces te voy a poder tirar todos los caramelos y gomitas y chocolates que te comías conmigo en la cara y decirte chau.
aunque ya te lo haya dicho. la cosa es que ya te di un chau. no te lo esperabas. fue divertido. me gustó decirte chau.  no me importaron las consecuencias y no me importan porque de verdad te necesito lejos de mi vida.

Entonces estaba borracha y rodeada de gente que me conocía, sí te hablaba con un tono de voz tranquilo, despreocupado como de un tercero. Y es irónico decirlo ya que supongo, yo en realidad era la tercera. Tenía un cigarrillo consumiéndose en la mano derecha y también un vestido bastante lindo. Estaba enojada, rencorosa, tranquilamente resignada. Vos no hablabas o decías que yo me equivocaba o querías callarme o respondías con tu predecible papel de víctima que te queda tan mal.  Te dije la verdad, no toda. No me diste tiempo o yo no me di tiempo, no recuerdo. 
No lloré.
No dolió.


Pero hace unos días, por una casualidad pelotuda, encontré tu encendedor y ahora se empieza a sentir la angustia de los chaus.










Y lloro y no me ves.